LA MANO DE DIOS
El Pelusa iba al potrero
era su cita infalible,
un amor irresistible,
ella era de trapo y cuero.
El viento su compañero,
con él jugaba y reía
era magia que nacía
de la zurda prodigiosa
y la pelota una diosa
que a sus pies se le rendía.
Como un amante fiel
con ella conoció el mundo,
el cielo y el inframundo,
y también al hombre cruel.
La FIFA, venas de hiel,
se disfrazó de cordero
y quiso hacerse un llavero
con la magia de sus pies,
pero el tiro fue al revés
y hoy solo canta el jilguero.
Su nombre en el firmamento
lleva el nombre de Argentina
también la luz ambarina
de su idilio sacramento.
Hoy el mundo es un lamento
llorando por tu partida
y tu Argentina querida
esta triste y desolada;
¡madre estas muy angustiada!
que dolorosa es tu herida.
Eres de oliva y laurel,
hecho de barro y aliento;
llevas de Fiorito el viento
el amor, sangre y la miel.
El futbol curtió tu piel
y puso la esencia en vos
el mejor de veintidós
frente a la gran Inglaterra
y en esa gloriosa guerra
surgió la mano de Dios.
¡Oh maldita cocaína!
la reina de los placeres
quiso mostrar quien no eres
con palabrería fina.
Esa inmundicia cochina
te puso fuera de cancha,
la mafia, izó, su revancha,
relamiéndose la boca;
la malicia se equivoca
la pelota no se mancha.
Albiceleste gloriosa,
hoy te canta Venezuela,
duélele a quien le duela
el Diego te hizo famosa.
Esta canción ansiosa
nos nace del corazón,
como un potro cimarrón
corriendo por la sabana;
somos tierra soberana,
pueblo de heroico blasón.
El mundo sigue rodando
girando va la pelota
y en el aire ella flota
como una novia soñando.
Por ahí, ella va contando,
toda tu gloria alcanzada;
es la historia emancipada
de aquel niño en potrerito
ese noble muchachito
y su pelota adorada.