las nubes cubrieron el cielo.
unos rayos se filtraban entre las perezas de la tarde
encogiendo cada latido al surco de una nube
al espejismo de una lagrima paralizada.
y lentamente, las papiroflexias de la tarde
dejan paso a penitentes claros
a los que huyen las golondrinas
y los eclipses del alma.
como metales transparentes en tiempos atemporales
las manos del desesperado ven crecer
en la nada las montañas del silencio
donde la desesperación es vagabunda entre tallos de hierba,
donde los cauces de la voz invierten su rumbo
tal como aquellos que lo han perdido todo
y lloran desesperados, viendo como su voz se hunde interna
en busca de un rincón donde nazcan vientos penitentes
y mareas de cristal.
El altar de los desesperados se alza
en el corazón ardiente de uno mismo
como una tormenta al alzarse clandestina
en el reflejo de los ojos (un mar bravo perdido)
- una sombra oxidada en la voz.
- un aire baldío entre las manos.
- un muro de ruidos blancos.
- una carta- cada linea- cada pulsación del oleaje.
niebla en la voz, en las manos, en la sangre.
las alas herméticas acantiladas nacen de la nada
cuando el mundo que nos rodea se hunde, alma hermana.
las velas que te lleven a puerto serán las de tu propia existencia.
El altar de los desesperado nace de ti.
Se viste de hiedra al abandonarlo sobre un acantilado.
La bruma lo rodea. Vientos aciagos de fantasmas que te esperan.
Y luego, tras años de bruma. El mismo mar perdido de atardeceres
y tormentas en la nada.
unos rayos se filtraban entre las perezas de la tarde
encogiendo cada latido al surco de una nube
al espejismo de una lagrima paralizada.
y lentamente, las papiroflexias de la tarde
dejan paso a penitentes claros
a los que huyen las golondrinas
y los eclipses del alma.
como metales transparentes en tiempos atemporales
las manos del desesperado ven crecer
en la nada las montañas del silencio
donde la desesperación es vagabunda entre tallos de hierba,
donde los cauces de la voz invierten su rumbo
tal como aquellos que lo han perdido todo
y lloran desesperados, viendo como su voz se hunde interna
en busca de un rincón donde nazcan vientos penitentes
y mareas de cristal.
El altar de los desesperados se alza
en el corazón ardiente de uno mismo
como una tormenta al alzarse clandestina
en el reflejo de los ojos (un mar bravo perdido)
- una sombra oxidada en la voz.
- un aire baldío entre las manos.
- un muro de ruidos blancos.
- una carta- cada linea- cada pulsación del oleaje.
niebla en la voz, en las manos, en la sangre.
las alas herméticas acantiladas nacen de la nada
cuando el mundo que nos rodea se hunde, alma hermana.
las velas que te lleven a puerto serán las de tu propia existencia.
El altar de los desesperado nace de ti.
Se viste de hiedra al abandonarlo sobre un acantilado.
La bruma lo rodea. Vientos aciagos de fantasmas que te esperan.
Y luego, tras años de bruma. El mismo mar perdido de atardeceres
y tormentas en la nada.
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