Jesús Cáñez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Con blancura se asoma entre las olas
la esperanza del viaje navegante,
que se antoja en aquél, el mismo instante
do sonoras sonaban caracolas.
Las gaviotas serenas y tan solas
se llenaron de amor con mar distante,
y la arena brindó el extravagante
cautiverio de luz en las farolas.
Ese puerto quedó con la marina
angustiada del nuevo malecón:
sin vaivén y sin olas, peregrina.
La marea disuelta al pabellón
no presume la espuma que destina
una playa de tibio corazón.
la esperanza del viaje navegante,
que se antoja en aquél, el mismo instante
do sonoras sonaban caracolas.
Las gaviotas serenas y tan solas
se llenaron de amor con mar distante,
y la arena brindó el extravagante
cautiverio de luz en las farolas.
Ese puerto quedó con la marina
angustiada del nuevo malecón:
sin vaivén y sin olas, peregrina.
La marea disuelta al pabellón
no presume la espuma que destina
una playa de tibio corazón.