Lautaro L.
Poeta asiduo al portal
“Es para llorar que buscamos nuestros ojos
Para sostener nuestras lágrimas allá arriba
En sus sobres nutridos nuestros fantasmas”
Vicente Huidobro
Los caballos galopaban veinte días hacia el sur
y nada más que el polvo, la ausencia y la sed los perseguía.
Por dentro sentía que nunca nadie había habitado
la blanca Patagonia, la Pampa húmeda, el Norte oscuro.
El sur, el fin del mundo, el país del olvido
siempre tuvo esa mística, ese vacío.
Uno de los hombres se perdió de la guarnición,
el medio día seco, el sol golpeando cada órgano.
Y fue ahí, en ese instante, como si ese momento
los hubiera estado esperando siempre;
la historia de la humanidad
se condensa en la mirada de los dos
todo empezó y todo terminó...
el comienzo del fin.
Cara a cara, los ojos, el revólver afuera,
pájaros volando, otro indio muerto.
Ese día murieron miles y si hubiese sido uno
nada hubiera valido.
Los extranjeros (porque así lo eran) se
llevaron todo menos el tiempo
que en forma de memoria
los castiga en un futuro ausente.
Cien años después un abogado en un café
de una ciudad muerta comenta que sin ese hecho la
Patagonia seria chilena,
como si algo fuera realmente de alguien.
Para sostener nuestras lágrimas allá arriba
En sus sobres nutridos nuestros fantasmas”
Vicente Huidobro
Los caballos galopaban veinte días hacia el sur
y nada más que el polvo, la ausencia y la sed los perseguía.
Por dentro sentía que nunca nadie había habitado
la blanca Patagonia, la Pampa húmeda, el Norte oscuro.
El sur, el fin del mundo, el país del olvido
siempre tuvo esa mística, ese vacío.
Uno de los hombres se perdió de la guarnición,
el medio día seco, el sol golpeando cada órgano.
Y fue ahí, en ese instante, como si ese momento
los hubiera estado esperando siempre;
la historia de la humanidad
se condensa en la mirada de los dos
todo empezó y todo terminó...
el comienzo del fin.
Cara a cara, los ojos, el revólver afuera,
pájaros volando, otro indio muerto.
Ese día murieron miles y si hubiese sido uno
nada hubiera valido.
Los extranjeros (porque así lo eran) se
llevaron todo menos el tiempo
que en forma de memoria
los castiga en un futuro ausente.
Cien años después un abogado en un café
de una ciudad muerta comenta que sin ese hecho la
Patagonia seria chilena,
como si algo fuera realmente de alguien.
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