DIEGO
Poeta adicto al portal
Simbiosis. Beneficio mutuo.
La columna de humo atrapa mi memoria y la manipula hasta el hartazgo. Como cuando de niño me hipnotizaba su suave y ascendente danza.
Con el paso de los años se ha transformado en una unión inquebrantable, afianzada.
Su aroma, su textura, su color, su calidez, moldean mis días pasados a gusto. Hacen y deshacen.
Tanto, que en su presencia, desconozco la ruta que ha de recorrer en los sinuosos caminos de mis recuerdos, que a fuerza de tanto compartirlos, también le pertenecen.
Es como si nos hubiésemos domesticado.
La memoria del café ejerce un hipnótico poder sobre mi fuerza de voluntad que se deja llevar a los recónditos lugares de mis vivencias más celosamente protegidas.
Somos uno apéndice del otro. Independencia que cuenta con la seguridad de saber que en algún momento del día, nos reunimos a recordar.
Ejercicio saludable. Infaltable.
Oxigenarnos en lo variopinto de nuestras sensaciones más profundas. Esas vivencias que por serlas, nos conforman y limitan. Que de tanto guardarlas nos hacen lo que somos.
La memoria del café es mi memoria.
Cuando llegue mi turno de ser un anónimo más en la eternidad del tiempo, mis recuerdos, mi vida toda, seguirá allí, perdurando en la infinitud de sus blends.
Entonces, la prueba irrefutable de mi existencia, la encontrarán en el refugio más seguro.
En la memoria del café.
La columna de humo atrapa mi memoria y la manipula hasta el hartazgo. Como cuando de niño me hipnotizaba su suave y ascendente danza.
Con el paso de los años se ha transformado en una unión inquebrantable, afianzada.
Su aroma, su textura, su color, su calidez, moldean mis días pasados a gusto. Hacen y deshacen.
Tanto, que en su presencia, desconozco la ruta que ha de recorrer en los sinuosos caminos de mis recuerdos, que a fuerza de tanto compartirlos, también le pertenecen.
Es como si nos hubiésemos domesticado.
La memoria del café ejerce un hipnótico poder sobre mi fuerza de voluntad que se deja llevar a los recónditos lugares de mis vivencias más celosamente protegidas.
Somos uno apéndice del otro. Independencia que cuenta con la seguridad de saber que en algún momento del día, nos reunimos a recordar.
Ejercicio saludable. Infaltable.
Oxigenarnos en lo variopinto de nuestras sensaciones más profundas. Esas vivencias que por serlas, nos conforman y limitan. Que de tanto guardarlas nos hacen lo que somos.
La memoria del café es mi memoria.
Cuando llegue mi turno de ser un anónimo más en la eternidad del tiempo, mis recuerdos, mi vida toda, seguirá allí, perdurando en la infinitud de sus blends.
Entonces, la prueba irrefutable de mi existencia, la encontrarán en el refugio más seguro.
En la memoria del café.