Maroc
Alberto
Una rosa que, en la nave,
se tornaba desojada;
terciopelo nada suave
por vieja no enamorada
que lo sabe y que se sabe
se fue para Cuba añeja
una tarde de verano
de luz que no luce, oreja:
-volando en un vuelo vano,
es su volar rota teja.
Son los cantares del río
los que nos cuentan la historia,
no es mentira; es la memoria.
Quiso besar con su boca
que estaba muerta de frío,
no era cuerda, sino loca,
ni bella cual el rocío,
es la verdad que la toca,
quise pintar su figura
como si fuera una rosa
pero no había pintura
para el marrón que rebosa
henchido de calentura.
Son los cantares del río
los que nos cuentan la historia,
no es mentira; es la memoria.
El retrato fue una pena
pues no pude terminarlo,
fue volando cual arena,
fue imposible colocarlo
entre mi alma de azucena,
quise retratarla en vano
con mi pincel tierno y suave
pero no pudo mi mano
retratarla cual un ave
pues no era un aliento sano.
Son los cantares del río
los que nos cuentan la historia,
no es mentira; es la memoria.
se tornaba desojada;
terciopelo nada suave
por vieja no enamorada
que lo sabe y que se sabe
se fue para Cuba añeja
una tarde de verano
de luz que no luce, oreja:
-volando en un vuelo vano,
es su volar rota teja.
Son los cantares del río
los que nos cuentan la historia,
no es mentira; es la memoria.
Quiso besar con su boca
que estaba muerta de frío,
no era cuerda, sino loca,
ni bella cual el rocío,
es la verdad que la toca,
quise pintar su figura
como si fuera una rosa
pero no había pintura
para el marrón que rebosa
henchido de calentura.
Son los cantares del río
los que nos cuentan la historia,
no es mentira; es la memoria.
El retrato fue una pena
pues no pude terminarlo,
fue volando cual arena,
fue imposible colocarlo
entre mi alma de azucena,
quise retratarla en vano
con mi pincel tierno y suave
pero no pudo mi mano
retratarla cual un ave
pues no era un aliento sano.
Son los cantares del río
los que nos cuentan la historia,
no es mentira; es la memoria.
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