Carlos Rodríguez Morales
Poeta recién llegado
Que contiene este espacio
esta triste cortina que no existe
que misteriosa curva
deja al descubierto el cuerpo
qué triste sinfonía
puede esconder el vacío
la calma o el abrazo fugitivo
que fantasma hambriento
precipita la huida
cada noche.
No te esfuerces
no es suficiente
los antiguos enseñaron
que el dolor te lleva al reino de los cielos
en el túnel
la luz es tenue
el marrón
se come al amarillo tibio de los focos
al salir
la ciudad sigue siendo gris
hablo de carros, suelos, policías
de la lluvia
en el gris crudo del cemento.
Hablo sobre poblados
sobrepoblados
de hijos que duermen en las calles
de madres que venden a sus hijos
de la poderosa muerte
que acorrala nuestras miradas cómplices
las sonrisas inconscientes
de pasajeros sin ruta
orillados al mar.
Y nada tengo para hablar de esto
tres libros
los manuscritos completos
de gaviotas que quisieron ser poetas
una consola de videojuegos
un continuo dolor de rodillas.
El arduo valor tengo
de la imaginación
un bar, dos casas,
una cancha de tenis en mis sueños
tengo el maldito don de la palabra
para mentir.
Nada hay de cierto en lo que digo
tengo en la conciencia
el efecto
de la mezcla errónea de las cosas.
esta triste cortina que no existe
que misteriosa curva
deja al descubierto el cuerpo
qué triste sinfonía
puede esconder el vacío
la calma o el abrazo fugitivo
que fantasma hambriento
precipita la huida
cada noche.
No te esfuerces
no es suficiente
los antiguos enseñaron
que el dolor te lleva al reino de los cielos
en el túnel
la luz es tenue
el marrón
se come al amarillo tibio de los focos
al salir
la ciudad sigue siendo gris
hablo de carros, suelos, policías
de la lluvia
en el gris crudo del cemento.
Hablo sobre poblados
sobrepoblados
de hijos que duermen en las calles
de madres que venden a sus hijos
de la poderosa muerte
que acorrala nuestras miradas cómplices
las sonrisas inconscientes
de pasajeros sin ruta
orillados al mar.
Y nada tengo para hablar de esto
tres libros
los manuscritos completos
de gaviotas que quisieron ser poetas
una consola de videojuegos
un continuo dolor de rodillas.
El arduo valor tengo
de la imaginación
un bar, dos casas,
una cancha de tenis en mis sueños
tengo el maldito don de la palabra
para mentir.
Nada hay de cierto en lo que digo
tengo en la conciencia
el efecto
de la mezcla errónea de las cosas.