La miro
Y la veo quitarse las braguitas
como quien se desprende de un descuido
y se demora en la delectación
de mi deseo absorto sobre el lecho.
En la cómoda un gato se relame
y el reloj de mesilla parpadea
al ritmo de los besos, al principio
entrecortados como nuestro aliento.
Después son los violines de la carne
una música agreste. La pantalla
de mi televisor produce sombras
que sordas se proyectan en su cuerpo.
La miro y me recreo como si algo
que no fuera del mundo y lo alentara
a golpe de deseo, sostuviese
mis ganas de guardarla en el recuerdo.