El hombre del porsaco
Poeta recién llegado
¡Qué aventura una mudanza!, la de cosas que he encontrado,
ya decía yo que el primo no podía haberse marchado.
Estando aquí su maleta, y su documentación,
ahora entiendo que su perro no saliera del rincón.
Apareció mi tortuga, el gato de la vecina
y hasta aquel pobre pizzero que esperaba la propina.
Mis cassettes de Parchís, mi traje de comunión
y hasta el bolso de una amiga que se durmió en el sillón.
Tuve un mal presentimiento y retiré los cojines,
poca cosa ya quedaba de la difunta Angelines.
Cuando aún vivían mis padres yo no era tan dejado
pero fue largarse a Cuba y empezó el desaguisado.
Lo mejor fue rencontrarme con mi hermana tras un año,
fue en el cuarto de la plancha y yo haciéndola en el baño.
Puse un mueble tras la puerta, no la vi, estaba a oscuras,
si es que yo no plancho nunca porque siempre dejo arrugas.
¡Qué recuerdos, cuántos cuerpos! me he emocionado un montón,
voy a llamar a la mudanza y que no venga el camión.
ya decía yo que el primo no podía haberse marchado.
Estando aquí su maleta, y su documentación,
ahora entiendo que su perro no saliera del rincón.
Apareció mi tortuga, el gato de la vecina
y hasta aquel pobre pizzero que esperaba la propina.
Mis cassettes de Parchís, mi traje de comunión
y hasta el bolso de una amiga que se durmió en el sillón.
Tuve un mal presentimiento y retiré los cojines,
poca cosa ya quedaba de la difunta Angelines.
Cuando aún vivían mis padres yo no era tan dejado
pero fue largarse a Cuba y empezó el desaguisado.
Lo mejor fue rencontrarme con mi hermana tras un año,
fue en el cuarto de la plancha y yo haciéndola en el baño.
Puse un mueble tras la puerta, no la vi, estaba a oscuras,
si es que yo no plancho nunca porque siempre dejo arrugas.
¡Qué recuerdos, cuántos cuerpos! me he emocionado un montón,
voy a llamar a la mudanza y que no venga el camión.