La muerte 4

musador

esperando...
A pensar puesto, recuerdo
en una hermosa novela
como un anciano pastor,
en esas magras estepas
que en el invierno son blanco
de la nieve y su inclemencia,
al sentir llegar su muerte
al bosque va por madera
para labrar su cajón
con delicada paciencia.

Prepara el hombre su muerte:
en la hora, cuando le llega,
cada día piensa más
en lo que en el mundo deja,
sabiendo que los recuerdos
no son fuego, son tibieza.

¿Dónde irán esos retazos
de vida que fuera intensa?,
¿qué arroyo se beberá
la sangre de carne trémula?,
¿dó volarán esos sueños
que fueron alas de ideas?
La alegría compartida,
¿vivirá en alguna fiesta?
Estos hijos de mis hijos
que a mis lágrimas despiertan,
¿tendrán quizás en sus sombras
de mi recuerdo una vela?

Prepara el hombre su muerte
con el resto de sus fuerzas
antes de que el tiempo quiebre
su duende en la carne enferma.

Nada importa, por supuesto,
pero busca, hasta que encuentra,
el árbol que pueda darle
al cajón buena madera.
 
Última edición:
No conozco, Jorge, qué novela te ha inspirado tan bello romance, pero desarrollas una idea muy poética en tus versos : un carpintero que busca buena madera para su propio ataúd. Por alguna extraña asociación de ideas me ha traído a la memoria este tan lírico trabajo tuyo la letra de una canción que, aunque, bastante más sencilla en su contenido y lirismo poético que tu poema, está llena de un dramatismo tremendo y se hizo muy famosa en España por la versión flamenca que muchos cataores hicieron de ella; aunque originariamente de le atribuyera al gran poeta Julio Florez (Colombia 1867-1923), por lo que sé, tampoco era suya la letra sino de un misterioso Francisco Gara y que se remonta a 1.882; te dejo la letra por si no la conoces :

"El Sepulturero Simón"

Enterraron por la tarde
a la hija de Juan Simón
y era el buen Juan en el pueblo
el único enterrador.
Él mismo a su propia hija
al cementerio bajó:
él mismo le abrió la zanja
murmurando una oración,
y llorando como un niño
del cementerio salió
con la espuerta en una mano
y en el hombro el azadón;
al verlo le preguntaban
¿de dónde vienes, Simón?y
y él, enjugando los ojos
contestaba a media voz
"Soy enterrador y vengo
de enterrar mi corazón"

(Francisco Gara)


Perdona por introducir este tema en mi comentario, pero de alguna manera, insisto, tu poema me lo ha traído al recuerdo aunque evidentemente éste difiera en su contenido del tuyo.

Nos has dejado aquí un gran romance, Jorge. Gracias por deleitarnos con él.

Un abrazo, amigo.
 
Última edición:
Hola, Juan. La novela es de Boris Polevoi y se llama «En la orilla salvaje». Es para mí un buen ejemplo de ese humanismo, quizás un poco ingenuo, pero sano y reconfortante, que tiñó a la narrativa soviética durante un tiempo. En la novela se narra la gesta de construcción de una gran represa, aprovechando para describir el ambiente y la cultura del lugar y de la época. No elude el zarpazo crítico al estalinismo, por cierto. El episodio que narro es uno de los tantos episodios secundarios con que se crea, en la narración, el fresco social.
Un bonito romance me dejas: quién sabe si no sería más humano enterrar a nuestros muertos nosotros mismos, evitando esa burocracia mortuoria que constituyen las casas de pompas fúnebres, y que a mí en particular me resulta detestable. Recuerdo que tuve un lío en una ocasión porque me negué a permitir que ellos metieran a mi abuela en el cajón: era una viejita tan pudorosa hasta su último día que me indignó la idea... Al final, la levanté y la puse yo.

abrazo
Jorge
 
Apreciado Jorge, admirable trabajo, ha sido verdadero gustazo viajar por tu poema. Me has dejado con el deseo de ir a la fuente que, según tú, te inspiró "En la orilla salvaje" para dar vida a este excelente romance.

¿Dónde irán esos retazos
de vida que fuera intensa?,
¿qué arroyo se beberá
la sangre de carne trémula?,
¿dó volarán esos sueños
que fueron alas de ideas?
La alegría compartida,
¿vivirá en alguna fiesta?
Estos hijos de mis hijos
que a mis lágrimas despiertan,
¿tendrán quizás en sus sombras
de mi recuerdo una vela?

Genial Jorge.
Un abrazo.
 
Última edición:
Me gustó mucho esa novela cuando la leí, Isabel, hace ya muchos años. El episodio que recuerdo es, en cualquier caso, secundario respecto a la trama principal.

Me alegra que te haya gustado el romance, gracias.

abrazo
Jorge
 
Otro excelente poema, Jorge,
a esta lúgubre dama
que a muchos intimida.
Veré si puedo conseguir esa novela
que inspiró tus versos
sin duda una triste historia
con un muy duro final, por lo menos para mí,
no me veo ya casi acabada
construyendo ese cajón que servirá de embalaje a mis miserias humanas
en esa última morada.

Abrazo y mis respetos,

ligiA

PD. Gracias por recordarme sobre mi participación, traeré mi intento, estoy en conversaciones con mi musa que es poco colaboradora, pero ya habrá algo... eso espero
 
A pensar puesto, recuerdo
en una hermosa novela
como un anciano pastor,
en esas magras estepas
que en el invierno son blanco
de la nieve y su inclemencia,
al sentir llegar su muerte
al bosque va por madera
para labrar su cajón
con delicada paciencia.

Prepara el hombre su muerte:
en la hora, cuando le llega,
cada día piensa más
en lo que en el mundo deja,
sabiendo que los recuerdos
no son fuego, son tibieza.

¿Dónde irán esos retazos
de vida que fuera intensa?,
¿qué arroyo se beberá
la sangre de carne trémula?,
¿dó volarán esos sueños
que fueron alas de ideas?
La alegría compartida,
¿vivirá en alguna fiesta?
Estos hijos de mis hijos
que a mis lágrimas despiertan,
¿tendrán quizás en sus sombras
de mi recuerdo una vela?

Prepara el hombre su muerte
con el resto de sus fuerzas
antes de que el tiempo quiebre
su duende en la carne enferma.

Nada importa, por supuesto,
pero busca, hasta que encuentra,
el árbol que pueda darle
al cajón buena madera.
Muy previsor el pastor de tu hermoso romance, Jorge, quien, con la debida antelación, busca la "tela" para confeccionar su último "traje".
Un abrazo
 
A pensar puesto, recuerdo
en una hermosa novela
como un anciano pastor,
en esas magras estepas
que en el invierno son blanco
de la nieve y su inclemencia,
al sentir llegar su muerte
al bosque va por madera
para labrar su cajón
con delicada paciencia.

Prepara el hombre su muerte:
en la hora, cuando le llega, (¿?)
cada día piensa más
en lo que en el mundo deja,
sabiendo que los recuerdos
no son fuego, son tibieza.

¿Dónde irán esos retazos
de vida que fuera intensa?,
¿qué arroyo se beberá
la sangre de carne trémula?,
¿dó volarán esos sueños
que fueron alas de ideas?
La alegría compartida,
¿vivirá en alguna fiesta?
Estos hijos de mis hijos
que a mis lágrimas despiertan,
¿tendrán quizás en sus sombras
de mi recuerdo una vela?

Prepara el hombre su muerte
con el resto de sus fuerzas
antes de que el tiempo quiebre
su duende en la carne enferma.

Nada importa, por supuesto,
pero busca, hasta que encuentra,
el árbol que pueda darle
al cajón buena madera.

¡Cuánta paciencia la de este hombre!, ¡cuánto dolor oculto! ¡Excelente romance, amigo mío!, lleno de reflexiones y de interrogantes que nos hacen pensar en nuestra propia muerte. Ando trasnochado, veré si puedo escribirle algo a esta dama para seguir con ustedes en la tensón. Un abrazo.
 
¿Que qué haces tú aquí, Ramón? Pues contribuir con tus poemas a esta cofradía de aprendices, que todos los somos en uno u otro grado. Me alegro de que el romance te haya gustado.
abrazo
Jorge
 
Vaya a saber, estimada ligiA, qué signos son los que hacen que se tenga esa especie de premonición que nos lleva a empezar a juntar clavos...
abrazo
J.
 
Escríbele, hermanito, escríbele. No vaya a ser que se sienta abandonada y venga buscando compañía, jajaja.
abrazo
J.
 

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