kRANDAL
Poeta recién llegado
Me presentaron una vez a la muerte,
la amé con locura que es la traba;
quize desposarla y nunca estaba
en mis días, en mis noches, en mi suerte.
Invoqué su santo nombre muchas veces
creyendo que vendría a visitarme.
Esperé tanto; tuve que animarme
a seguir, lerdo, el rastro de sus heces.
Contemplando en la ruta varios lechos,
sábanas y almohadas estrujadas:
fornicaba la muerte a su antojo.
Celoso, cargué con todos los desechos.
Codicié esas tumbas no deseadas;
sin su amor, de la vida fuí despojo.
la amé con locura que es la traba;
quize desposarla y nunca estaba
en mis días, en mis noches, en mi suerte.
Invoqué su santo nombre muchas veces
creyendo que vendría a visitarme.
Esperé tanto; tuve que animarme
a seguir, lerdo, el rastro de sus heces.
Contemplando en la ruta varios lechos,
sábanas y almohadas estrujadas:
fornicaba la muerte a su antojo.
Celoso, cargué con todos los desechos.
Codicié esas tumbas no deseadas;
sin su amor, de la vida fuí despojo.