Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La muerte se cura
Una explosión de calor
marca al espacio en su sombra;
señal de la luz y color,
pintura de artista sin huella,
que deja un espejo valor,
distancias que aún no se alunan
reflejo en distintas estrellas.
Lo grave se hizo genial
del frívolo ente que espera,
la cara que se hace formal,
y rueda siempre en la esfera.
Pintor de universos ligeros,
qué fácil lanzar sobre el lienzo
la técnica pura de origen,
que adiestra a diestro y siniestro.
No creas que puedo negarlo,
ni pienses que el huevo está abierto,
que astros fueron por vírgenes
astutos saliendo de infiernos.
Los tiempos quedaron pausados
de eterno y maligno veneno;
veneno que fue necesario
estrellando en la tierra un diluvio,
en las aguas que ahora son mares
con sales venidas del cielo.
Tan lógicos fueron naciendo
que el hombre un tanto por ciento,
se hizo con toda la parte
que nunca comprende del muerto.
Volverá la inocencia perdida
a poblar con su excelsa sonrisa,
la pradera que alegre de vida
sólo pide vivirla sin prisa.
Nada está por que sí,
y al azar le debemos fortuna;
para qué conjugar todo en mí
si se puede jugar con la luna.
Moriré, y lo sé.
Sólo puedo pedir a la altura
que me deje en el aire sin fe,
de inocencia que vuelve a la oscura
nimiedad del que tiene el saber;
sin saber que la muerte se cura,
ni tener en la vida más fe
que la fe en una vida segura.
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