digamos que la mujer precisa
no fue aquella gordita de ascendencia coreana
que broncoaspiró con mi semen
tampoco Natalia
que saltó por el balcón
cuando amparado por el santo patrón de las descaradas equivocaciones
se la metí por el culo
sin previo ni protocolar aviso
menos aun Vivian
que nunca entendió esa simplísima fantasía
que consistía en hacerle el amor
a ella y a su madre
en el folklórico río de mi pueblo.
digamos que algunas me las tiré por ósmosis
a otras a punta de sueños
y sobre manchas de soledad.
el caso es que nunca coincidimos
yo estaba en mi asteroide
coleccionando traiciones y otros gazapos que luce la vida
cosiéndome palabras a la piel
para luego quemarme a lo Bonzo
lejos de la fibra óptica
ausente de las precipitaciones de torres y bombas
de espalda a la CNC
que mostraba el hambre y la desesperación en HD.
ellas
seguro que encontraron al Ulises o al Grenouille de sus sueños
y tuvieron orgasmos dignos de los Oscar o los Globos de Oro
y fueron a un altar para matricular en el concepto de rutina
y trajeron nuevos hijos de putas al mundo
por aquello del instinto y ciertas cuestiones de la mercadotecnia
y tuvieron la prudencia de olvidarme
justo cuando las comenzaba a hacer poesía.
digamos que la mujer precisa
es la que me espera en aquella trinchera
donde a pesar de la pólvora de algunos libros
y otras guitarras que tartamudean
siempre le pido disculpas por esto que soy
y que me bese mañana en los rencores
cuando me toque regresar
húmedo y legañoso.
no fue aquella gordita de ascendencia coreana
que broncoaspiró con mi semen
tampoco Natalia
que saltó por el balcón
cuando amparado por el santo patrón de las descaradas equivocaciones
se la metí por el culo
sin previo ni protocolar aviso
menos aun Vivian
que nunca entendió esa simplísima fantasía
que consistía en hacerle el amor
a ella y a su madre
en el folklórico río de mi pueblo.
digamos que algunas me las tiré por ósmosis
a otras a punta de sueños
y sobre manchas de soledad.
el caso es que nunca coincidimos
yo estaba en mi asteroide
coleccionando traiciones y otros gazapos que luce la vida
cosiéndome palabras a la piel
para luego quemarme a lo Bonzo
lejos de la fibra óptica
ausente de las precipitaciones de torres y bombas
de espalda a la CNC
que mostraba el hambre y la desesperación en HD.
ellas
seguro que encontraron al Ulises o al Grenouille de sus sueños
y tuvieron orgasmos dignos de los Oscar o los Globos de Oro
y fueron a un altar para matricular en el concepto de rutina
y trajeron nuevos hijos de putas al mundo
por aquello del instinto y ciertas cuestiones de la mercadotecnia
y tuvieron la prudencia de olvidarme
justo cuando las comenzaba a hacer poesía.
digamos que la mujer precisa
es la que me espera en aquella trinchera
donde a pesar de la pólvora de algunos libros
y otras guitarras que tartamudean
siempre le pido disculpas por esto que soy
y que me bese mañana en los rencores
cuando me toque regresar
húmedo y legañoso.
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