Viene a la palma, dorada,
y en mi mano, la naranja tierna, sangra,
a frescura huele, y a campo da el gusto,
de suelo de batalla cuenta, de dolor y de tiempo muerto.
Como de condenada la cabeza, llega rodando,
gime como amor a su alma arrancado;
oliendo a fruta, los dos lloramos,
a campo, verde, árbol, sangre mojada.
Fue Malvada Rosa, dueña de espadas,
quien le hundió hasta el quid su saña;
al cielo gritó, ajada, la naranja,
y al tiempo, silenciada, al dolor del brillo implacable.
Asalta el camino su sombra, también rodando,
arrastra su mal, su aroma, hasta mi mano,
extraña la tierra, sola y verde
abierta con pócima, ahora franca y desnuda.
y en mi mano, la naranja tierna, sangra,
a frescura huele, y a campo da el gusto,
de suelo de batalla cuenta, de dolor y de tiempo muerto.
Como de condenada la cabeza, llega rodando,
gime como amor a su alma arrancado;
oliendo a fruta, los dos lloramos,
a campo, verde, árbol, sangre mojada.
Fue Malvada Rosa, dueña de espadas,
quien le hundió hasta el quid su saña;
al cielo gritó, ajada, la naranja,
y al tiempo, silenciada, al dolor del brillo implacable.
Asalta el camino su sombra, también rodando,
arrastra su mal, su aroma, hasta mi mano,
extraña la tierra, sola y verde
abierta con pócima, ahora franca y desnuda.