Josimar Moran
Poeta fiel al portal
A una niña, una vez amé de verdad
nunca supe su nombre; pero le quise
con tanta locura y pasión que le hice
en mi delirio: Mi única verdad .
Y es que jamás mi delirio ardió tanto
ante el hechizo de triste mirada.
Jamás sentí llorar mi alma abrasada
por fuego ardiente de mortal encanto.
Y sus ojos cual certeras saetas
se clavaron justo en mi corazón
y fui vencido por febril pasión
que me arrastró en olas de aguas inquietas.
¡Ah, viejos recuerdos! Aún no olvido
aquel tiritar de sus labios rojos
y que por miedo a sus enojos
nunca, nunca le envié un beso atrevido.
Todos lo días le veía sentada
en el MIRADOR de su casa y soñaba
que a mi paso un suspiro de amor me enviaba
en el instante que ella me miraba.
Una tarde, en mi mente ha de vivir
para siempre, cual indeleble hüella.
Cuando pensé declarar mi amor a ella,
justo esa tarde tuvo que partir.
Y fue silente mi hondo sufrimiento,
nunca más yo le volvería a ver. . .
¿Por qué, Dios, tuvo ella que perecer?
y no murió con ella este sentimiento . . .
nunca supe su nombre; pero le quise
con tanta locura y pasión que le hice
en mi delirio: Mi única verdad .
Y es que jamás mi delirio ardió tanto
ante el hechizo de triste mirada.
Jamás sentí llorar mi alma abrasada
por fuego ardiente de mortal encanto.
Y sus ojos cual certeras saetas
se clavaron justo en mi corazón
y fui vencido por febril pasión
que me arrastró en olas de aguas inquietas.
¡Ah, viejos recuerdos! Aún no olvido
aquel tiritar de sus labios rojos
y que por miedo a sus enojos
nunca, nunca le envié un beso atrevido.
Todos lo días le veía sentada
en el MIRADOR de su casa y soñaba
que a mi paso un suspiro de amor me enviaba
en el instante que ella me miraba.
Una tarde, en mi mente ha de vivir
para siempre, cual indeleble hüella.
Cuando pensé declarar mi amor a ella,
justo esa tarde tuvo que partir.
Y fue silente mi hondo sufrimiento,
nunca más yo le volvería a ver. . .
¿Por qué, Dios, tuvo ella que perecer?
y no murió con ella este sentimiento . . .