Aquella noche de cruda niebla,
cuando el jardín se secaba,
cuando el invierno latía
con fuego en las lágrimas,
te dije hasta luego.
Las consteladas madreselvas
yacían ocultas,
tras las murallas
de las sombras esbeltas
que velaban tu muerte.
Reina del alba.
Sólo mi lápiz,
(ese artesano de lamentos
y sueños pintados
en un mar de ilusión),
te mantuvo triste,
más allá del camino,
más allá del silencio,
más allá de los dos.
Aquella noche
de mapas distraídos,
cuando tu mirada
aún estremecía
los bosques de verano,
te maté con un hueco feroz
de tu recuerdo,
entre mis pasos.
Cuando aún emergía tu voz,
de aquél viento
postrado en el ayer,
y la magia de aquél otoño,
que dibujó en tu huerto
una patria de distancia.
Hasta luego dije,
princesa del crepúsculo.
Y el camino,
se hizo niebla implacable.
Y entre mis párpados,
grises como el tiempo,
se fugó un violín.
cuando el jardín se secaba,
cuando el invierno latía
con fuego en las lágrimas,
te dije hasta luego.
Las consteladas madreselvas
yacían ocultas,
tras las murallas
de las sombras esbeltas
que velaban tu muerte.
Reina del alba.
Sólo mi lápiz,
(ese artesano de lamentos
y sueños pintados
en un mar de ilusión),
te mantuvo triste,
más allá del camino,
más allá del silencio,
más allá de los dos.
Aquella noche
de mapas distraídos,
cuando tu mirada
aún estremecía
los bosques de verano,
te maté con un hueco feroz
de tu recuerdo,
entre mis pasos.
Cuando aún emergía tu voz,
de aquél viento
postrado en el ayer,
y la magia de aquél otoño,
que dibujó en tu huerto
una patria de distancia.
Hasta luego dije,
princesa del crepúsculo.
Y el camino,
se hizo niebla implacable.
Y entre mis párpados,
grises como el tiempo,
se fugó un violín.
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