Luis Adolfo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Negra noche melancólica y lunera,
musa infiel de bohemios y poetas,
escenario de pijos y de horteras,
compañera de ignotos vagabundos.
¡Algunos andan ebrios!
Gritos de angustia,
olores nauseabundos de orines en las calles,
cerraduras que se abren al volver
a casa,
los restos aún latientes de una fiesta.
La noche para algunos sempiterna,
acaba con la luz de la mañana;
entonces,
es cuando descubren apenados
la cruda realidad hiriente y clara.
La noche de crímenes y amores,
la noche del pijo y del hortera,
la noche de orín y borrachera,
la noche febril del vagabundo,
esa que a veces parece interminable,
acaba con el alba y no es eterna.
musa infiel de bohemios y poetas,
escenario de pijos y de horteras,
compañera de ignotos vagabundos.
¡Algunos andan ebrios!
Gritos de angustia,
olores nauseabundos de orines en las calles,
cerraduras que se abren al volver
a casa,
los restos aún latientes de una fiesta.
La noche para algunos sempiterna,
acaba con la luz de la mañana;
entonces,
es cuando descubren apenados
la cruda realidad hiriente y clara.
La noche de crímenes y amores,
la noche del pijo y del hortera,
la noche de orín y borrachera,
la noche febril del vagabundo,
esa que a veces parece interminable,
acaba con el alba y no es eterna.