BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
La noche posee largas cuencas
donde se almacenan ojos de cadáver
y tristes parras obsoletas, con sus amaneceres
bien dispuestos sobre tablas de cortar limones.
La noche canta y exaspera, un ladrido mata
los cadáveres y en el subsuelo, un amigable
báculo devasta la ciudad con sus eternidades
inmediatas.
La noche es el día en plenitud, observen
si no, cómo vuelve la esquina la muy pendenciera.
Y los esqueletos tiemblan, sobre las hojas de los árboles
que rebosan de pulcritud y ascendencia.
La noche es un pendón flamante, lleno de vírgenes
divergencias, utilizando su forma
de ósculo extraño y errante.
©
donde se almacenan ojos de cadáver
y tristes parras obsoletas, con sus amaneceres
bien dispuestos sobre tablas de cortar limones.
La noche canta y exaspera, un ladrido mata
los cadáveres y en el subsuelo, un amigable
báculo devasta la ciudad con sus eternidades
inmediatas.
La noche es el día en plenitud, observen
si no, cómo vuelve la esquina la muy pendenciera.
Y los esqueletos tiemblan, sobre las hojas de los árboles
que rebosan de pulcritud y ascendencia.
La noche es un pendón flamante, lleno de vírgenes
divergencias, utilizando su forma
de ósculo extraño y errante.
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