Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
El 31 de diciembre de 2024, Puerto Rico se volvió protagonista de su novela más repetida: "50 Sombras de LUMA", edición especial de fin de año. La electricidad, siempre coqueta y huidiza, decidió tomarse unas vacaciones justo cuando más la necesitábamos. "¡Feliz año nuevo! Pero sin luces, porque eso es para países aburridos", parecía decirnos.
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Hora 1: La negación
La primera hora fue un ensayo colectivo de incredulidad. "Esto es un bajón", decían con esperanza, mientras el vecino gritaba: "¡Ahí viene!" cada vez que una luciérnaga pasaba por su ventana. Pero no vino. Ni luz, ni agua. Solo el calor y la realidad abrazándonos como un suegro borracho en Navidad.
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Hora 6: La creatividad
Sin Netflix, los puertorriqueños redescubrimos antiguas formas de entretenimiento. Las conversaciones cara a cara volvieron, aunque a regañadientes. “¿Cómo estás?”, preguntó alguien, olvidando que ya no se usa hablar fuera del chat. En algunas casas, desempolvaron dominós; en otras, las discusiones políticas llenaron el vacío eléctrico.
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Hora 12: La gastronomía al límite
El congelador comenzó a convertirse en un enemigo. El pavo congelado empezó a llorar y el tembleque se declaró en huelga. Las familias, decididas a no perder la comida, organizaron una parranda improvisada frente a las neveras abiertas. Nadie sabe qué maridaje combina mejor con arroz con dulce derretido y coquito tibio.
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Hora 24: El ritual del año nuevo
La medianoche llegó sin conteo regresivo. La falta de televisor hizo que la gente improvisara: un vecino gritó "¡Ahora!" y todos levantaron sus copas... cinco minutos antes. La música provenía de una bocina Bluetooth conectada al último celular con batería, que murió justo en "Despacito".
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Hora 36: La filosofía
La segunda noche trajo reflexiones existenciales. "¿Qué significa la vida sin Wi-Fi?", preguntaba alguien mirando al cielo. Otros se cuestionaban si el apagón era un complot del gobierno, de los extraterrestres o de un LUMA employee resentido.
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Hora 48: La resignación
Finalmente, el regreso de la luz fue recibido como si ganáramos un Mundial. Se escucharon aplausos, gritos de júbilo y, curiosamente, una pandereta. Pero nadie olvidará esas 48 horas, cuando nos reencontramos con nuestra humanidad y nuestras velas aromáticas.
Puerto Rico, como siempre, sobrevivió. Y no solo sobrevivió: lo convirtió en otro capítulo de su epopeya eléctrica, con risas, sudor y arroz con habichuelas a la luz de la luna. ¡Feliz 2025!
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Hora 1: La negación
La primera hora fue un ensayo colectivo de incredulidad. "Esto es un bajón", decían con esperanza, mientras el vecino gritaba: "¡Ahí viene!" cada vez que una luciérnaga pasaba por su ventana. Pero no vino. Ni luz, ni agua. Solo el calor y la realidad abrazándonos como un suegro borracho en Navidad.
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Hora 6: La creatividad
Sin Netflix, los puertorriqueños redescubrimos antiguas formas de entretenimiento. Las conversaciones cara a cara volvieron, aunque a regañadientes. “¿Cómo estás?”, preguntó alguien, olvidando que ya no se usa hablar fuera del chat. En algunas casas, desempolvaron dominós; en otras, las discusiones políticas llenaron el vacío eléctrico.
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Hora 12: La gastronomía al límite
El congelador comenzó a convertirse en un enemigo. El pavo congelado empezó a llorar y el tembleque se declaró en huelga. Las familias, decididas a no perder la comida, organizaron una parranda improvisada frente a las neveras abiertas. Nadie sabe qué maridaje combina mejor con arroz con dulce derretido y coquito tibio.
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Hora 24: El ritual del año nuevo
La medianoche llegó sin conteo regresivo. La falta de televisor hizo que la gente improvisara: un vecino gritó "¡Ahora!" y todos levantaron sus copas... cinco minutos antes. La música provenía de una bocina Bluetooth conectada al último celular con batería, que murió justo en "Despacito".
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Hora 36: La filosofía
La segunda noche trajo reflexiones existenciales. "¿Qué significa la vida sin Wi-Fi?", preguntaba alguien mirando al cielo. Otros se cuestionaban si el apagón era un complot del gobierno, de los extraterrestres o de un LUMA employee resentido.
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Hora 48: La resignación
Finalmente, el regreso de la luz fue recibido como si ganáramos un Mundial. Se escucharon aplausos, gritos de júbilo y, curiosamente, una pandereta. Pero nadie olvidará esas 48 horas, cuando nos reencontramos con nuestra humanidad y nuestras velas aromáticas.
Puerto Rico, como siempre, sobrevivió. Y no solo sobrevivió: lo convirtió en otro capítulo de su epopeya eléctrica, con risas, sudor y arroz con habichuelas a la luz de la luna. ¡Feliz 2025!