Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Ensayo de un poema religioso hecho por un ateo
La Olimpiada terminó
Me resigno a sufrir
y sólo espero esa tu luz.
Jesús, ven pronto
hacia este corazón,
que sólo busca ver tu amor,
aquí en la tierra
como en el cielo,
donde los ángeles
son y no son.
Perseguiré tu don sencillo
para tener el don de amar,
así podré tan pequeñito
a los gigantes desbaratar.
Y cuando el mal se nos resista
empuñaré la espada paz,
sabré poner la otra mejilla
que es una parte de mi faz.
Con tu sol en la mochila
y la eterna solución,
lucharé con la semilla
cuya siembra es el amor.
Si el demonio echa raíces,
dispondré el mejor perdón,
una pira de tapices
del infierno perdición.
Jesús mío, date prisa,
y ven corriendo, por favor;
no tropieces como el rey,
que se fue sobre los suelos
de los cielos del amor.
¡Noe, Noe, Noe…!
Que todos no cabíamos
en el arca del placer;
en el cielo estoy,
tú, en el cielo tres,
te dispones a ir al cielo,
pero yo no volveré.
¿Qué me dices?
¿Que no vas a volver?
Ni se te ocurra,
y mejor no vuelvas…
Aquí en la tierra,
algunos comen como burras,
y muchos de ellos dicen verte
con la panza toda llena
de ilusiones y poderes.
¡Qué mentira tan absurda!
¡Qué cultura de tapón!
Que los dioses son altura...
La Olimpiada terminó.
La Olimpiada terminó
Me resigno a sufrir
y sólo espero esa tu luz.
Jesús, ven pronto
hacia este corazón,
que sólo busca ver tu amor,
aquí en la tierra
como en el cielo,
donde los ángeles
son y no son.
Perseguiré tu don sencillo
para tener el don de amar,
así podré tan pequeñito
a los gigantes desbaratar.
Y cuando el mal se nos resista
empuñaré la espada paz,
sabré poner la otra mejilla
que es una parte de mi faz.
Con tu sol en la mochila
y la eterna solución,
lucharé con la semilla
cuya siembra es el amor.
Si el demonio echa raíces,
dispondré el mejor perdón,
una pira de tapices
del infierno perdición.
Jesús mío, date prisa,
y ven corriendo, por favor;
no tropieces como el rey,
que se fue sobre los suelos
de los cielos del amor.
¡Noe, Noe, Noe…!
Que todos no cabíamos
en el arca del placer;
en el cielo estoy,
tú, en el cielo tres,
te dispones a ir al cielo,
pero yo no volveré.
¿Qué me dices?
¿Que no vas a volver?
Ni se te ocurra,
y mejor no vuelvas…
Aquí en la tierra,
algunos comen como burras,
y muchos de ellos dicen verte
con la panza toda llena
de ilusiones y poderes.
¡Qué mentira tan absurda!
¡Qué cultura de tapón!
Que los dioses son altura...
La Olimpiada terminó.
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