Histrión
Poeta recién llegado
La ópera y el esperpento
El manuscrito de estas líneas ya de seguro ni existe, el huracán debe habérselo llevado, pero ¿ya a mi de qué me sirven? Me complace saber que el hombre que puede silbar distraído, sonreír alegre... es el hombre que ve cómo las ráfagas impetuosas azotan el cristal cuando el tétrico azabache de esa obra maestra que los necios llaman cielo nocturno se resquebraja con el azote de estos crueles vientos enfurecidos. Ese hombre es el que escribe estas líneas.
Es este huracán embravecido y su voz bravucona la que maldice y pronuncia sus conjuros de destrucción al otro lado de mi pequeña ventana.
-¿Y que hago yo?
-Silbar alegre.
Como electricidad no hay, soy yo quien, a expensas de esa pequeña vela encendida —que lentamente se suicida entre sus tibias pasiones de cera-, disfruta de poder escribir esta prosa estéril y seguir burlándome de la tormenta. Pero, ¿cómo puedo reír de la destrucción, cuando bien sé que no soporto ver una flor marchita, o ver morir a la mariposa?
¿Cómo puedo disfrutar de la catástrofe pero llorar con la miseria que esta misma pare de sus entrañas? ¿Cómo, si sé que soy el tipo de cazador que siempre se siente atrapado en un sueño eterno?
Más ahora, en este segundo acto aparece la soprano, y con su alarido estridente -que prima facie sería un pedido de auxilio que por destinatario pone: "Infierno" -, la calma es una ilusión con sabor a pretexto estúpido. Dos mensajes quiero dejar por escrito: uno al huracán y otro a esta varita de humos caleidoscópicos. A ti, tormenta delirante: dile a Naberius que más miedo da el ronroneo de un gato a medianoche que estos rugidos de cíclope con los que presume no una fuerza temible, sino un ego asqueroso.
Y a ti, dulce consejera y cómplice de estas inspiraciones grotescas. A ti que me abrazas y seduces, más luego haces que me decepcione de mí mismo. Si, a ti te digo. Hazme favor, oh inopia deliciosa de vainilla, de nunca extinguirte. Envuélveme una vez más con tus caricias de humo, que como lagunas mentales, vienes a hacerle cosquillas a mi intelecto.
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