Todos los días quiero vivir la vida.
No quiero encerrar
ningún trozo de su tiempo,
de su sueño,
en un ataúd pequeño
río abajo navegando
sobre el agua de los pensamientos,
que hay noches que se vuelve turbia,
densa de sombras de muerte.
Esconde en su vientre
la necesidad de mi reconocimiento,
pero aún así
la quiero arrancar de raíz
a esa sombra negra
que planea sobre mi cabeza
y que alguna vez llamo
y que me complazco en ella.
Quiero morir sólo un día
sólo un momento.
Entonar la canción de vida
en mi corazón,
atender a su pequeño latido
y, como él,
llevar el compás sin pensar
más que en el ritmo dulce.
Embriagar todo el cuerpo
con la música acompasada,
llena de esperanza,
que acompañará toda mi vida,
toda mi alma.
Todos los días me he impuesto pequeños retos
y se me olvidó vivir,
saborear su aliento,
ver por sus ojos las cosas.
Me confundí de objetivo.
Me equivoqué de reto.
Se me olvidó dejarme fluir por la corriente,
nadé contra ella
para llegar a la otra orilla
con lo cerca que estaba ésta.
No quiero encerrar
ningún trozo de su tiempo,
de su sueño,
en un ataúd pequeño
río abajo navegando
sobre el agua de los pensamientos,
que hay noches que se vuelve turbia,
densa de sombras de muerte.
Esconde en su vientre
la necesidad de mi reconocimiento,
pero aún así
la quiero arrancar de raíz
a esa sombra negra
que planea sobre mi cabeza
y que alguna vez llamo
y que me complazco en ella.
Quiero morir sólo un día
sólo un momento.
Entonar la canción de vida
en mi corazón,
atender a su pequeño latido
y, como él,
llevar el compás sin pensar
más que en el ritmo dulce.
Embriagar todo el cuerpo
con la música acompasada,
llena de esperanza,
que acompañará toda mi vida,
toda mi alma.
Todos los días me he impuesto pequeños retos
y se me olvidó vivir,
saborear su aliento,
ver por sus ojos las cosas.
Me confundí de objetivo.
Me equivoqué de reto.
Se me olvidó dejarme fluir por la corriente,
nadé contra ella
para llegar a la otra orilla
con lo cerca que estaba ésta.