El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
El juglar sueña, en la calle llovida, los oídos de su sirena.
le falta una cuerda a la guitarra de su vida.
Ella le dijo un día, tras contemplar su presencia,
que debería hacer una prueba para mostrar su paciencia.
“Tres noches y tres días quiero escuchar
tu cantar de juglarías sin despiste.
Y si mi ventana oye ceder tus melodías
sabré que mucho, no me quisiste”
El juglar con paciencia comenzó a entonar
historias de héroes, doncellas y princesas.
¡Si supiera las veces en que sus cuentos salía ella!
Tolerando lluvia y frío con valor y sin quejarse
notaba las cuerdas vocales congelarse.
Pero ni el miedo, ni siquiera el hambre
hicieron ceder al sol de iluminarle
de relatos donde el amor,
bloque de arcilla impenetrable,
ganaba guerras sin sangre.
Aguantó el primer día entero,
escondido en la niebla del deseo.
Matando dragones con palabras lejanas,
con rimas que no se escuchaban
desde hace muchos años.
Tras su guitarra enfundada
cual sable en la batalla,
el juglar oyó dos gallos,
y el tercero se despertaba.
Un instante antes de concluir el tan logrado tercer día,
el juglar vio amanecer un momento en su vida.
Las nubes rociaron su pulmón sediento
de un sentimiento que solo florece con el tiempo.
Casi había visto tres lunas, y tomó una decisión.
Se alejó del palacio despacio, en su pecho el corazón.
No penséis que dejó de cantar mientras se alejaba,
pues reía y disfrutaba,
del tercer canto del gallo más frío de la mañana.
le falta una cuerda a la guitarra de su vida.
Ella le dijo un día, tras contemplar su presencia,
que debería hacer una prueba para mostrar su paciencia.
“Tres noches y tres días quiero escuchar
tu cantar de juglarías sin despiste.
Y si mi ventana oye ceder tus melodías
sabré que mucho, no me quisiste”
El juglar con paciencia comenzó a entonar
historias de héroes, doncellas y princesas.
¡Si supiera las veces en que sus cuentos salía ella!
Tolerando lluvia y frío con valor y sin quejarse
notaba las cuerdas vocales congelarse.
Pero ni el miedo, ni siquiera el hambre
hicieron ceder al sol de iluminarle
de relatos donde el amor,
bloque de arcilla impenetrable,
ganaba guerras sin sangre.
Aguantó el primer día entero,
escondido en la niebla del deseo.
Matando dragones con palabras lejanas,
con rimas que no se escuchaban
desde hace muchos años.
Tras su guitarra enfundada
cual sable en la batalla,
el juglar oyó dos gallos,
y el tercero se despertaba.
Un instante antes de concluir el tan logrado tercer día,
el juglar vio amanecer un momento en su vida.
Las nubes rociaron su pulmón sediento
de un sentimiento que solo florece con el tiempo.
Casi había visto tres lunas, y tomó una decisión.
Se alejó del palacio despacio, en su pecho el corazón.
No penséis que dejó de cantar mientras se alejaba,
pues reía y disfrutaba,
del tercer canto del gallo más frío de la mañana.