XAVIER LUNA T.
POETA RAPSODA
La partida de un ángel
La daga de la muerte cayó una mañana
matando aquel latido, pequeño que iniciaba.
Lanzando un alarido que el silencio ocultaba
se encuentra hoy inerte, un alma de oro y grana.
¿Habrá Dios que liberte mi pena y mi desgana?
Un ángel fallecido que en su dentro habitaba,
se lleva el apellido y el nombre que pensaba,
querubín que se advierte detrás de la ventana.
Atesorada mía: Unidos por la pena,
duramente golpeados, tenemos que salir.
Dos seres abollados... Debemos bendecir
el sorbo de ambrosía que el cielo ahora estrena.
Querida amada mía: Tal vez la luna llena
nos muestre abocetados del ser que ha partido
nosotros abnegados, haremos nuevo nido
muy lleno de alegría... Sorteemos la condena.
Mi niña de ojos verdes, seré siempre tu fuente
de fuerza aunque no entienda el llanto en tu carita,
quizá tú desacuerdes conmigo erróneamente.
Te doy mi alma en prenda... ¡Sonríe mi bonita,
solo quiero recuerdes: Te amo ciegamente.
¡Retírate la venda… Y mírame chiquita!
Tus jades color de ojos se tornan carmesí,
el toque de tu mano se vuelve bofetada
y aquellos labios rojos, se van cual colibrí.
Tu voz de cirujano, me pide la largada
mis lágrimas de hinojos demuestran frenesí
sabiendo de antemano que eres mi atesorada.
La daga de la muerte cayó una mañana
matando aquel latido, pequeño que iniciaba.
Lanzando un alarido que el silencio ocultaba
se encuentra hoy inerte, un alma de oro y grana.
¿Habrá Dios que liberte mi pena y mi desgana?
Un ángel fallecido que en su dentro habitaba,
se lleva el apellido y el nombre que pensaba,
querubín que se advierte detrás de la ventana.
Atesorada mía: Unidos por la pena,
duramente golpeados, tenemos que salir.
Dos seres abollados... Debemos bendecir
el sorbo de ambrosía que el cielo ahora estrena.
Querida amada mía: Tal vez la luna llena
nos muestre abocetados del ser que ha partido
nosotros abnegados, haremos nuevo nido
muy lleno de alegría... Sorteemos la condena.
Mi niña de ojos verdes, seré siempre tu fuente
de fuerza aunque no entienda el llanto en tu carita,
quizá tú desacuerdes conmigo erróneamente.
Te doy mi alma en prenda... ¡Sonríe mi bonita,
solo quiero recuerdes: Te amo ciegamente.
¡Retírate la venda… Y mírame chiquita!
Tus jades color de ojos se tornan carmesí,
el toque de tu mano se vuelve bofetada
y aquellos labios rojos, se van cual colibrí.
Tu voz de cirujano, me pide la largada
mis lágrimas de hinojos demuestran frenesí
sabiendo de antemano que eres mi atesorada.
Dedicado al hijo
que no podremos sostener
en nuestros brazos.
Nos veremos en el cielo...
... mi querubín.
que no podremos sostener
en nuestros brazos.
Nos veremos en el cielo...
... mi querubín.
Última edición: