Maktú
Poeta que considera el portal su segunda casa
La piedra se infinita quedamente
sin ruidos como bien se la conoce;
su tacto se ha pulido con el roce
del tiempo que la besa confidente.
Su rostro sepulcral -losa yacente-
esconde lo que ayer fue celo y goce,
y en ella todo humano reconoce
el hueco donde acaba lo presente.
Aquí, bajo su faz, como durmiendo,
reposa la mayor de las verdades:
que el cuerpo se hace polvo permitiendo
que bellas se desplieguen Claridades
y sacras se convoquen concediendo
luceros a las muertas oquedades.
sin ruidos como bien se la conoce;
su tacto se ha pulido con el roce
del tiempo que la besa confidente.
Su rostro sepulcral -losa yacente-
esconde lo que ayer fue celo y goce,
y en ella todo humano reconoce
el hueco donde acaba lo presente.
Aquí, bajo su faz, como durmiendo,
reposa la mayor de las verdades:
que el cuerpo se hace polvo permitiendo
que bellas se desplieguen Claridades
y sacras se convoquen concediendo
luceros a las muertas oquedades.