Lírico.
Exp..
La piedra
La piedra dice cosas, yo la escucho,
atiendo a ese silencio con que muestra
su historia sin final y sin principio;
relato emancipado de los tiempos.
Su música no es triste ni dichosa,
no es música siquiera y no requiere
del cielo ni la tierra; escrita en nada
se expresa su elocuencia sordomuda
con notas de un salvaje dinamismo
que a fuerza de quererse, se aniquila
en la tranquilidad del absoluto;
en la unanimidad de inercia amable.
Un sólido paisaje de entusiasmos
jalona imperceptible los cristales
de cuanto ardiendo está entre nuestros sueños.
La piedra sueña y dice su periplo
con labios extraviados por estrellas
cayendo sobre un lago solitario.
No encuentro en esta piedra más consuelo
ni menos recompensa que el esbelto
dictado de la sangre hacia uno mismo
cuando uno está perdido en brisa fértil.
Impávido decreto es esta piedra
con múltiples factores y memoria
hurtada a la sazón del fruto estricto.
No puedo descifrar sus pareceres
formando este transcurso sin destino
del reino mineral que la engendrara.
Es pura voluntad que cristaliza
en ardua soledad sin soluciones;
pilar del edificio arracimado
para acoger las ansias derramadas.
La piedra me susurra sus enigmas,
el breve resplandor de un acertijo
obrado en la materia del amor.
La piedra dice cosas, yo la escucho,
atiendo a ese silencio con que muestra
su historia sin final y sin principio;
relato emancipado de los tiempos.
Su música no es triste ni dichosa,
no es música siquiera y no requiere
del cielo ni la tierra; escrita en nada
se expresa su elocuencia sordomuda
con notas de un salvaje dinamismo
que a fuerza de quererse, se aniquila
en la tranquilidad del absoluto;
en la unanimidad de inercia amable.
Un sólido paisaje de entusiasmos
jalona imperceptible los cristales
de cuanto ardiendo está entre nuestros sueños.
La piedra sueña y dice su periplo
con labios extraviados por estrellas
cayendo sobre un lago solitario.
No encuentro en esta piedra más consuelo
ni menos recompensa que el esbelto
dictado de la sangre hacia uno mismo
cuando uno está perdido en brisa fértil.
Impávido decreto es esta piedra
con múltiples factores y memoria
hurtada a la sazón del fruto estricto.
No puedo descifrar sus pareceres
formando este transcurso sin destino
del reino mineral que la engendrara.
Es pura voluntad que cristaliza
en ardua soledad sin soluciones;
pilar del edificio arracimado
para acoger las ansias derramadas.
La piedra me susurra sus enigmas,
el breve resplandor de un acertijo
obrado en la materia del amor.
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