la ventana dibujó sobre la tierra
su cuerpo duro
inclinándose con las horas
por el deseo del día,
yo me inclinaba con ella
distraída sobre el malecón.
Los pensamientos de mi piel
me metieron suavemente
en otras tardes.
La placita rojiza y callada
rodeada de blancas ventanas
tenia un cuerpo cuadrado,
muchos ojos negros,
sonrisas en las cuatro esquinas
y el vientre pintado de sombras.
El frío entraba y salía por sus bocas
dejando sus pendientes macetas
cuajadas de hojitas escarchadas.
Los pasos apenas la entretenían.
Unos papeles jugaban
dando vueltas entre sus ojos cerrados.
La luna estaba disuelta en su cielo claro
blanca y finita.
Aterida e inmóvil,
atada a la tarde rosa
que canta a Diciembre
con la voz del aire
y el deseo de su vientre
su cuerpo duro
inclinándose con las horas
por el deseo del día,
yo me inclinaba con ella
distraída sobre el malecón.
Los pensamientos de mi piel
me metieron suavemente
en otras tardes.
La placita rojiza y callada
rodeada de blancas ventanas
tenia un cuerpo cuadrado,
muchos ojos negros,
sonrisas en las cuatro esquinas
y el vientre pintado de sombras.
El frío entraba y salía por sus bocas
dejando sus pendientes macetas
cuajadas de hojitas escarchadas.
Los pasos apenas la entretenían.
Unos papeles jugaban
dando vueltas entre sus ojos cerrados.
La luna estaba disuelta en su cielo claro
blanca y finita.
Aterida e inmóvil,
atada a la tarde rosa
que canta a Diciembre
con la voz del aire
y el deseo de su vientre