danie
solo un pensamiento...
Un murmullo fragoso se escucha en el recinto,
son los valerosos héroes mártires afligidos,
contemplando con sus melancólicas penas
las iracundas proezas, envueltas por un pánico cohibido.
Forjan la portezuela, girando su dintel,
suspicaces miradas se asoman sobre la verja,
las vecinas lindantes alcahuetean
con ojos de lechuzas alertadas y prevenidas.
Una sonrisa se descuella en la muchedumbre,
una mueca de goce inmiscuida con fiero desquite.
La turba como un hervidero de hormigas,
eleva la mirada con ojos furiosos,
ojos iracundos de las brasas del averno,
miran con recelo y despecho,
con bronca por la ignorante influencia del caudillo;
candiles y antorchas encendidas por las manos del diablo,
afiladas puntas de horquillas sedientas de sangre latina.
Fieras con sed de carne blanda,
miradas hambrientas de gloria
¡Cuál cordero se ofrende
para las presumidas fauces de las bestias!
Se dispersa la multitud, solo quedando el petulante grupo
a la vista del caudillo frenético y rabioso
con cobardía y despecho, anhelando
aplacar esos iracundos sentimientos,
pero para ello es necesario recobrar el honor perdido,
salvaguardar su vergüenza flagelada
con el poder de la impunidad concebida.
¡Lacayo de la aristocracia, no luches en vano!
No vivas con la herida ofrendada,
las ofensas medita , ahora recibir con sumisión
el castigo que exoneré tu culpa.
¡Humíllate ante los brazo de los grandes!
Y acata el oligarca dictamen para ser juzgado
son los valerosos héroes mártires afligidos,
contemplando con sus melancólicas penas
las iracundas proezas, envueltas por un pánico cohibido.
Forjan la portezuela, girando su dintel,
suspicaces miradas se asoman sobre la verja,
las vecinas lindantes alcahuetean
con ojos de lechuzas alertadas y prevenidas.
Una sonrisa se descuella en la muchedumbre,
una mueca de goce inmiscuida con fiero desquite.
La turba como un hervidero de hormigas,
eleva la mirada con ojos furiosos,
ojos iracundos de las brasas del averno,
miran con recelo y despecho,
con bronca por la ignorante influencia del caudillo;
candiles y antorchas encendidas por las manos del diablo,
afiladas puntas de horquillas sedientas de sangre latina.
Fieras con sed de carne blanda,
miradas hambrientas de gloria
¡Cuál cordero se ofrende
para las presumidas fauces de las bestias!
Se dispersa la multitud, solo quedando el petulante grupo
a la vista del caudillo frenético y rabioso
con cobardía y despecho, anhelando
aplacar esos iracundos sentimientos,
pero para ello es necesario recobrar el honor perdido,
salvaguardar su vergüenza flagelada
con el poder de la impunidad concebida.
¡Lacayo de la aristocracia, no luches en vano!
No vivas con la herida ofrendada,
las ofensas medita , ahora recibir con sumisión
el castigo que exoneré tu culpa.
¡Humíllate ante los brazo de los grandes!
Y acata el oligarca dictamen para ser juzgado