La pluma

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Creo que algunos de nuestros viejos poemas, que por la propia dinámica del foro, quedan amontonados y olvidados en la inmensidad del archivo que generamos día a día, merecerían ser revisitados, fuera del foro en el que inicialmente se publicaron. Puede que ese foro no fuese el adecuado y limitase mucho la lectura de un poema compuesto con todo el cariño y la ilusión que un presunto poeta pone en sus versos. Con esa idea puede que egoísta, reedito aquí estos viejos versos en los que puse mucho, mucho cariño por razones especiales. Espero que os guste.

LA PLUMA
(ENSOÑACIÓN EN UN PATIO CORDOBÉS)


(Recordando cierta música de Mussorgsky)

Una

pluma.

Una pluma

suave y negra,

córvidamente negra,

desprendida del ala abierta

de un poderoso ángel negro,

descendía en pausados remolinos,

agitando leve -caricia casi-

el aire densamente perfumado

del jardín de los violines en flor.



Rozaba en su ligero volar

las cuerdas adormecidas,

los cuajados vientres sonoros.

Y este roce -casi caricia- producía

una música celestial,

recordando aquel su origen

en el brillante ángel negro,

desalado y silencioso.



La pluma, en su pausado, rítmico vuelo,

aderezaba amaneceres y trinos, adormecía las fuentes.

Tristes sauces llorones entrelazaban sus flecos verdinegros

con las bárbulas y el cálamo

en recatados incestos.



El sonido nocturno de un galán de noche

aroma puro, latido de su flor blanca,

acarició algunas notas discordantes.

Plácido pez entre sonidos navegando

la pluma requirió de pasiones y jinetes.



Arábigas legiones de centauros despertaron a su paso.

Su cadencia, ahora agarena, musitaba plegarias,

reclamaba inciensos aromáticos.

Los susurrados sonidos cual de argénteos añafiles o caricias

trocaron en espanto,

desenterrando cadáveres,

concitando negros insectos lejanos,

agonizando, acallando

las oscuras voces de las marmóreas estatuas.

Gumias y cimitarras, vírgenes de toda sangre

zumbaban en sus delirios de fuego,

negros moscardones vidriados.



Revueltas aguas trizaban

el aire augusto de la noche,

los negros moscardones

hacían vibrar los espejos.



El silencio impuso la paz y su aroma de jazmines.

Los violines y las estatuas callaron.

El ángel, poderoso entre los suyos,

extendió su brazo.

Tomó la pluma escapada

y la volvió a su regazo.



Todo fue ya un diminuendo,

un plácido agonizar

de los añafiles de plata,

de los violines tañidos

por los vibrátiles insectos negros.



Los jinetes agarenos envainaron

sus cimitarras sonoras,

las curvas gumias callaron.

En el nocturno jardín de los violines en flor

los amantes sus endechas susurraron.



Yo tomé entre mis manos un brillante,

delicado insecto negro que tejía

con sus alas los arpegios.

Lo dejé en las rojas azaleas

y regresé a mis silencios.





 
Última edición:
Creo que algunos de nuestros viejos poemas, que por la propia dinámica del foro, quedan amontonados y olvidados en la inmensidad del archivo que generamos día a día, merecerían ser revisitados, fuera del foro en el que inicialmente se publicaron. Puede que ese foro no fuese el adecuado y limitase mucho la lectura de un poema compuesto con todo el cariño y la ilusión que un presunto poeta pone en sus versos. Con esa idea puede que egoísta, reedito aquí estos viejos versos en los que puse mucho, mucho cariño por razones especiales. Espero que os guste.

LA PLUMA
(ENSOÑACIÓN EN UN PATIO CORDOBÉS)


(Recordando cierta música de Mussorgsky)

Una

pluma.

Una pluma

suave y negra,

córvidamente negra,

desprendida del ala abierta

de un poderoso ángel negro,

descendía en pausados remolinos,

agitando leve -caricia casi-

el aire densamente perfumado

del jardín de los violines en flor.



Rozaba en su ligero volar

las cuerdas adormecidas,

los cuajados vientres sonoros.

Y este roce -casi caricia- producía

una música celestial,

recordando aquel su origen

en el brillante ángel negro,

desalado y silencioso.



La pluma, en su pausado, rítmico vuelo,

aderezaba amaneceres y trinos, adormecía las fuentes.

Tristes sauces llorones entrelazaban sus flecos verdinegros

con las bárbulas y el cálamo

en recatados incestos.



El sonido nocturno de un galán de noche

aroma puro, latido de su flor blanca,

acarició algunas notas discordantes.

Plácido pez entre sonidos navegando

la pluma requirió de pasiones y jinetes.



Arábigas legiones de centauros despertaron a su paso.

Su cadencia, ahora agarena, musitaba plegarias,

reclamaba inciensos aromáticos.

Los susurrados sonidos cual de argénteos añafiles o caricias

trocaron en espanto,

desenterrando cadáveres,

concitando negros insectos lejanos,

agonizando, acallando

las oscuras voces de las marmóreas estatuas.

Gumias y cimitarras, vírgenes de toda sangre

zumbaban en sus delirios de fuego,

negros moscardones vidriados.



Revueltas aguas trizaban

el aire augusto de la noche,

los negros moscardones

hacían vibrar los espejos.



El silencio impuso la paz y su aroma de jazmines.

Los violines y las estatuas callaron.

El ángel, poderoso entre los suyos,

extendió su brazo.

Tomó la pluma escapada

y la volvió a su regazo.



Todo fue ya un diminuendo,

un plácido agonizar

de los añafiles de plata,

de los violines tañidos

por los vibrátiles insectos negros.



Los jinetes agarenos envainaron

sus cimitarras sonoras,

las curvas gumias callaron.

En el nocturno jardín de los violines en flor

los amantes sus endechas susurraron.



Yo tomé entre mis manos un brillante,

delicado insecto negro que tejía

con sus alas los arpegios.

Lo dejé en las rojas azaleas

y regresé a mis silencios.






Envuelve al lector en imágenes hermosas de jardín fantástico, querido y amado. Me gustó. Saludos.
 
Las imágenes sumergen en una atmósfera etérea, mágica que endulza y cautiva la mirada del alma, su respiro...
Gracias por transportarnos a ese instante querido amigo... por volver a compartirnos este precioso poema...
Siempre bello leerte...te abrazo con todo mi cariño...
Nancy
 
Creo que algunos de nuestros viejos poemas, que por la propia dinámica del foro, quedan amontonados y olvidados en la inmensidad del archivo que generamos día a día, merecerían ser revisitados, fuera del foro en el que inicialmente se publicaron. Puede que ese foro no fuese el adecuado y limitase mucho la lectura de un poema compuesto con todo el cariño y la ilusión que un presunto poeta pone en sus versos. Con esa idea puede que egoísta, reedito aquí estos viejos versos en los que puse mucho, mucho cariño por razones especiales. Espero que os guste.

LA PLUMA
(ENSOÑACIÓN EN UN PATIO CORDOBÉS)


(Recordando cierta música de Mussorgsky)

Una

pluma.

Una pluma

suave y negra,

córvidamente negra,

desprendida del ala abierta

de un poderoso ángel negro,

descendía en pausados remolinos,

agitando leve -caricia casi-

el aire densamente perfumado

del jardín de los violines en flor.



Rozaba en su ligero volar

las cuerdas adormecidas,

los cuajados vientres sonoros.

Y este roce -casi caricia- producía

una música celestial,

recordando aquel su origen

en el brillante ángel negro,

desalado y silencioso.



La pluma, en su pausado, rítmico vuelo,

aderezaba amaneceres y trinos, adormecía las fuentes.

Tristes sauces llorones entrelazaban sus flecos verdinegros

con las bárbulas y el cálamo

en recatados incestos.



El sonido nocturno de un galán de noche

aroma puro, latido de su flor blanca,

acarició algunas notas discordantes.

Plácido pez entre sonidos navegando

la pluma requirió de pasiones y jinetes.



Arábigas legiones de centauros despertaron a su paso.

Su cadencia, ahora agarena, musitaba plegarias,

reclamaba inciensos aromáticos.

Los susurrados sonidos cual de argénteos añafiles o caricias

trocaron en espanto,

desenterrando cadáveres,

concitando negros insectos lejanos,

agonizando, acallando

las oscuras voces de las marmóreas estatuas.

Gumias y cimitarras, vírgenes de toda sangre

zumbaban en sus delirios de fuego,

negros moscardones vidriados.



Revueltas aguas trizaban

el aire augusto de la noche,

los negros moscardones

hacían vibrar los espejos.



El silencio impuso la paz y su aroma de jazmines.

Los violines y las estatuas callaron.

El ángel, poderoso entre los suyos,

extendió su brazo.

Tomó la pluma escapada

y la volvió a su regazo.



Todo fue ya un diminuendo,

un plácido agonizar

de los añafiles de plata,

de los violines tañidos

por los vibrátiles insectos negros.



Los jinetes agarenos envainaron

sus cimitarras sonoras,

las curvas gumias callaron.

En el nocturno jardín de los violines en flor

los amantes sus endechas susurraron.



Yo tomé entre mis manos un brillante,

delicado insecto negro que tejía

con sus alas los arpegios.

Lo dejé en las rojas azaleas

y regresé a mis silencios.






Siempre hay mucho para disfrutar y aprender de tu exquisita pluma y excelente técnica querido amigo Miguel, toda mi admiración por tu arte, por la musicalidad de las letras, que acompañan perfectamente esas músicas clásicas. Un gran abrazo, con el ferviente deseo de que tengas un estupendo fin de semana.
 
Creo que algunos de nuestros viejos poemas, que por la propia dinámica del foro, quedan amontonados y olvidados en la inmensidad del archivo que generamos día a día, merecerían ser revisitados, fuera del foro en el que inicialmente se publicaron. Puede que ese foro no fuese el adecuado y limitase mucho la lectura de un poema compuesto con todo el cariño y la ilusión que un presunto poeta pone en sus versos. Con esa idea puede que egoísta, reedito aquí estos viejos versos en los que puse mucho, mucho cariño por razones especiales. Espero que os guste.

LA PLUMA
(ENSOÑACIÓN EN UN PATIO CORDOBÉS)


(Recordando cierta música de Mussorgsky)

Una

pluma.

Una pluma

suave y negra,

córvidamente negra,

desprendida del ala abierta

de un poderoso ángel negro,

descendía en pausados remolinos,

agitando leve -caricia casi-

el aire densamente perfumado

del jardín de los violines en flor.



Rozaba en su ligero volar

las cuerdas adormecidas,

los cuajados vientres sonoros.

Y este roce -casi caricia- producía

una música celestial,

recordando aquel su origen

en el brillante ángel negro,

desalado y silencioso.



La pluma, en su pausado, rítmico vuelo,

aderezaba amaneceres y trinos, adormecía las fuentes.

Tristes sauces llorones entrelazaban sus flecos verdinegros

con las bárbulas y el cálamo

en recatados incestos.



El sonido nocturno de un galán de noche

aroma puro, latido de su flor blanca,

acarició algunas notas discordantes.

Plácido pez entre sonidos navegando

la pluma requirió de pasiones y jinetes.



Arábigas legiones de centauros despertaron a su paso.

Su cadencia, ahora agarena, musitaba plegarias,

reclamaba inciensos aromáticos.

Los susurrados sonidos cual de argénteos añafiles o caricias

trocaron en espanto,

desenterrando cadáveres,

concitando negros insectos lejanos,

agonizando, acallando

las oscuras voces de las marmóreas estatuas.

Gumias y cimitarras, vírgenes de toda sangre

zumbaban en sus delirios de fuego,

negros moscardones vidriados.



Revueltas aguas trizaban

el aire augusto de la noche,

los negros moscardones

hacían vibrar los espejos.



El silencio impuso la paz y su aroma de jazmines.

Los violines y las estatuas callaron.

El ángel, poderoso entre los suyos,

extendió su brazo.

Tomó la pluma escapada

y la volvió a su regazo.



Todo fue ya un diminuendo,

un plácido agonizar

de los añafiles de plata,

de los violines tañidos

por los vibrátiles insectos negros.



Los jinetes agarenos envainaron

sus cimitarras sonoras,

las curvas gumias callaron.

En el nocturno jardín de los violines en flor

los amantes sus endechas susurraron.



Yo tomé entre mis manos un brillante,

delicado insecto negro que tejía

con sus alas los arpegios.

Lo dejé en las rojas azaleas

y regresé a mis silencios.





Me ha gustado, bello e interesante poema enmarcado en tu siempre sensible y hermosa escritura amigo Miguel. Un abrazo. Paco.
 

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