Se nubló mi alma esta mañana,
noté el poco aguante de mi cuerpo.
El equilibrio tan perfecto que es su química
una y otra vez se altera,
y me siento perdida algunas veces
ante mi pequeño conocimiento.
Me impongo de inmediato
la subida del optimismo
sin ni siquiera pensarlo.
Enredándome con las plantas
mi corazón se aviva,
y como por ósmosis,
su fuerza va calando en mi piel,
su belleza me reposa,
se olvida mi pequeña tristeza
para mirarlas
una y otra vez
como si de una obra de arte mía
se tratase.
La exhaustiva poda
de cada rama
ha hecho un limpio pasillo
entre las verdes hojas
que, aparentemente enmarañadas,
dejan salir sus flores,
su brillo,
lo más bonito de ellas,
por mis manos guiadas.
noté el poco aguante de mi cuerpo.
El equilibrio tan perfecto que es su química
una y otra vez se altera,
y me siento perdida algunas veces
ante mi pequeño conocimiento.
Me impongo de inmediato
la subida del optimismo
sin ni siquiera pensarlo.
Enredándome con las plantas
mi corazón se aviva,
y como por ósmosis,
su fuerza va calando en mi piel,
su belleza me reposa,
se olvida mi pequeña tristeza
para mirarlas
una y otra vez
como si de una obra de arte mía
se tratase.
La exhaustiva poda
de cada rama
ha hecho un limpio pasillo
entre las verdes hojas
que, aparentemente enmarañadas,
dejan salir sus flores,
su brillo,
lo más bonito de ellas,
por mis manos guiadas.