Irma Recio Lopez
Poeta recién llegado
LA POESÍA
Que fluya, que se eleve, que se alce,
que trascienda inminente las fronteras,
que la enarbole el hombre cual bandera
y la proyecte intrépido a la gloria.
Que abarque de lo arcano lo sublime,
que surque el mar, el cielo, las estrellas;
que capte el llanto virgen de las ninfas,
que ablande el vientre madre de la tierra.
La verdad majestuosa, eterna arranque,
y sufra y se prosterne y que se yerga,
y robe el canto de las lenguas niñas,
y atesore un crisol de voces nuevas.
Allá por las alturas hiende el aire
la idea, impertinente se agiganta,
blande la espada genial, omnipotente
y lanza al viento, ágil, la estocada.
Profundidad augusta, cofre alado
de donde acuden raudas las palabras;
se enredan, se abalanzan, se alborotan,
golpean insistentes, se desgarran.
Se inflama el corazón, el alma estalla,
ya aflora, ya se pare, en la porfía
cruza el espacio ancestral y escapa,
y mana casta y pura, la poesía.
Que fluya, que se eleve, que se alce,
que trascienda inminente las fronteras,
que la enarbole el hombre cual bandera
y la proyecte intrépido a la gloria.
Que abarque de lo arcano lo sublime,
que surque el mar, el cielo, las estrellas;
que capte el llanto virgen de las ninfas,
que ablande el vientre madre de la tierra.
La verdad majestuosa, eterna arranque,
y sufra y se prosterne y que se yerga,
y robe el canto de las lenguas niñas,
y atesore un crisol de voces nuevas.
Allá por las alturas hiende el aire
la idea, impertinente se agiganta,
blande la espada genial, omnipotente
y lanza al viento, ágil, la estocada.
Profundidad augusta, cofre alado
de donde acuden raudas las palabras;
se enredan, se abalanzan, se alborotan,
golpean insistentes, se desgarran.
Se inflama el corazón, el alma estalla,
ya aflora, ya se pare, en la porfía
cruza el espacio ancestral y escapa,
y mana casta y pura, la poesía.