Francisco Iván Pazualdo
Poeta veterano en el portal
La poesía es el dorado trigo, es esa llamarada sobria
donde florecen las lucidas estelas celestiales,
es el vinculo mediático entre el grito y el silencio,
entre lo erróneo y lo acertado.
Con la sonrisa ya acaricie los huesos de la fragancia,
con los versos, los labios salinos de la melancolía,
he enterrado a disgusto la voz que por instantes
me hablaba estrepitosamente, preguntando por el ayer.
Me ocupo durante años de amar lo que escribo
y creer firmemente que lo amo.
La poesía no es un forzado renglón
que se trunca y se amarra desde la fe hasta el aplauso nocturno
de la propia alma, que observa cautelosa sin mediar palabra.
El sol es el que me pregunta si he dormido,
si necesito algo, mientras escribo...
Muy pocas veces le contesto que no,
pues a veces respiro todo el universo en un parpadeo.
A veces al igual que los versos, llegas tú,
con un ramillete inmenso de caricias,
a veces solo apareces en la portada de mi libro
que sigue sin fecha de salida,
otras veces solo escribo poesía para ti...
Y cruzo los dedos para que la leas sin llorar,
pero lloras y lloro y las estrofas parecen espadas.
Entre la tristeza y el amor un suspiro
se agolpa en el corazón, eres tú y tu inocencia
tocando la puerta de mi piel cansada.
La poesía es pues el dorado trigo,
todo va de lo positivo a lo negativo
y del negro al blanco y del día a la noche...
Al final no sé decir otra cosa que no sea que te amo,
al final no sé escribir como Neruda y Paz.
donde florecen las lucidas estelas celestiales,
es el vinculo mediático entre el grito y el silencio,
entre lo erróneo y lo acertado.
Con la sonrisa ya acaricie los huesos de la fragancia,
con los versos, los labios salinos de la melancolía,
he enterrado a disgusto la voz que por instantes
me hablaba estrepitosamente, preguntando por el ayer.
Me ocupo durante años de amar lo que escribo
y creer firmemente que lo amo.
La poesía no es un forzado renglón
que se trunca y se amarra desde la fe hasta el aplauso nocturno
de la propia alma, que observa cautelosa sin mediar palabra.
El sol es el que me pregunta si he dormido,
si necesito algo, mientras escribo...
Muy pocas veces le contesto que no,
pues a veces respiro todo el universo en un parpadeo.
A veces al igual que los versos, llegas tú,
con un ramillete inmenso de caricias,
a veces solo apareces en la portada de mi libro
que sigue sin fecha de salida,
otras veces solo escribo poesía para ti...
Y cruzo los dedos para que la leas sin llorar,
pero lloras y lloro y las estrofas parecen espadas.
Entre la tristeza y el amor un suspiro
se agolpa en el corazón, eres tú y tu inocencia
tocando la puerta de mi piel cansada.
La poesía es pues el dorado trigo,
todo va de lo positivo a lo negativo
y del negro al blanco y del día a la noche...
Al final no sé decir otra cosa que no sea que te amo,
al final no sé escribir como Neruda y Paz.