El ermitaño
Poeta recién llegado
En la vasta soledad del cielo,
rutilaba la primera estrella;
con un halo de luces que ella
emitía para su consuelo.
Legítimo era su anhelo:
pues, al carecer de compañía,
le urgía una cofradía
de hermanas resplandecientes,
de lunas, de mundos silentes,
gravitando en la cercanía.
rutilaba la primera estrella;
con un halo de luces que ella
emitía para su consuelo.
Legítimo era su anhelo:
pues, al carecer de compañía,
le urgía una cofradía
de hermanas resplandecientes,
de lunas, de mundos silentes,
gravitando en la cercanía.