algebet
Poeta recién llegado
La primera poesía ya fue escrita.
Millones más también.
Pereza por escribir lo mismo,
pero nadie te cantó a tí,
y a tí yo quiero cantarte,
porque primero está el amor,
y luego el placer lector.
Tu pelo ya es el pelo de otro,
tus manos le tocan con deseo,
pero sigo teniendo derecho a cantarte.
Sé que te amé hasta el fondo,
porque después de mi sonrisa no hay nada.
Puede el alma más desconfiada,
venir a hacerle un examen,
y en la comisura de los labios,
encontrará amor.
Detrás de ellos dientes por supuesto,
pero todavía más amor,
y ella, mi sonrisa, será capitán de todo mi cuerpo,
que obediente no hará nada, sin una orden suya.
Por si fuera poco, todavía apareces en mis sueños,
y yo los recibo sin vergüenza por los años que pasan.
Hay sueños atractivos que son complejos,
pero en los tuyos nada de eso sucede.
Siento en una única palabra, alegría.
La misma que siente un niño,
cuando un familiar visita nuestra casa.
Ven mi amor a verme alguna que otra noche.
Esa alegría es capaz de eliminar el horror de no tocarte.
Te esperare en sueños toda la vida.
En ellos, poco importará nuestra realidad en la vigilia.
Millones más también.
Pereza por escribir lo mismo,
pero nadie te cantó a tí,
y a tí yo quiero cantarte,
porque primero está el amor,
y luego el placer lector.
Tu pelo ya es el pelo de otro,
tus manos le tocan con deseo,
pero sigo teniendo derecho a cantarte.
Sé que te amé hasta el fondo,
porque después de mi sonrisa no hay nada.
Puede el alma más desconfiada,
venir a hacerle un examen,
y en la comisura de los labios,
encontrará amor.
Detrás de ellos dientes por supuesto,
pero todavía más amor,
y ella, mi sonrisa, será capitán de todo mi cuerpo,
que obediente no hará nada, sin una orden suya.
Por si fuera poco, todavía apareces en mis sueños,
y yo los recibo sin vergüenza por los años que pasan.
Hay sueños atractivos que son complejos,
pero en los tuyos nada de eso sucede.
Siento en una única palabra, alegría.
La misma que siente un niño,
cuando un familiar visita nuestra casa.
Ven mi amor a verme alguna que otra noche.
Esa alegría es capaz de eliminar el horror de no tocarte.
Te esperare en sueños toda la vida.
En ellos, poco importará nuestra realidad en la vigilia.