solano b
Poeta recién llegado
En la torre de la luna vive una niña encarcelada,
en el duro seno blanquecino
sólo tiene para comunicarse
el lenguaje del sonido.
En el pueblo al caer la noche,
comienza a conjugar sus himnos,
letanías devastadas
de un angélico lirismo.
Las labores se detienen,
son horas solemnes para el campesino.
El sacerdote se aleja de su órgano,
y de rodillas permanece el monaguillo.
En las casas las mujeres ya no lavan,
ni tejen o bordan con sus hilos,
sólo sueñan con luceros
de un mundo ya perdido,
adherir la rosa blanca
a los rayos purpurinos;
las que amamantan se llenan de leche
para nutrir a muchos hijos.
Y los niños entrelazan luces con claveles
en vez de lanzar piedras
a la corriente de rocío.
Han pasado varios años
y vienen de todas las regiones peregrinos
a escuchar a la muchacha
que en la torre lunar
siempre ha vivido.
Su rostro como albura
ilumina los caminos,
y se orientan los pastores
guiados por su ritmo.
Hay más peces en el agua
aseguran pescadores,
y es más dulce la cepa
de los vinos.
Hay menos rencillas en los bares,
y más enamorados en los silos.
Todos esperan a la joven
tañer desde la celda de la altura
sus musicales trinos.
Pero esta noche ya no tañe,
y todos se preguntan
por qué aún no ha tañido.
Y es que aquellos no imaginan
que la luna la ha vencido.
Pasan las oscuras noches,
se hastían de esperar la música
los peregrinos.
El pueblo ha tornado melancólico.
Ya no hay más que pena
en todo lirio.
La muchacha en la torre de la luna
se ha vuelto silencio
de infinito.
en el duro seno blanquecino
sólo tiene para comunicarse
el lenguaje del sonido.
En el pueblo al caer la noche,
comienza a conjugar sus himnos,
letanías devastadas
de un angélico lirismo.
Las labores se detienen,
son horas solemnes para el campesino.
El sacerdote se aleja de su órgano,
y de rodillas permanece el monaguillo.
En las casas las mujeres ya no lavan,
ni tejen o bordan con sus hilos,
sólo sueñan con luceros
de un mundo ya perdido,
adherir la rosa blanca
a los rayos purpurinos;
las que amamantan se llenan de leche
para nutrir a muchos hijos.
Y los niños entrelazan luces con claveles
en vez de lanzar piedras
a la corriente de rocío.
Han pasado varios años
y vienen de todas las regiones peregrinos
a escuchar a la muchacha
que en la torre lunar
siempre ha vivido.
Su rostro como albura
ilumina los caminos,
y se orientan los pastores
guiados por su ritmo.
Hay más peces en el agua
aseguran pescadores,
y es más dulce la cepa
de los vinos.
Hay menos rencillas en los bares,
y más enamorados en los silos.
Todos esperan a la joven
tañer desde la celda de la altura
sus musicales trinos.
Pero esta noche ya no tañe,
y todos se preguntan
por qué aún no ha tañido.
Y es que aquellos no imaginan
que la luna la ha vencido.
Pasan las oscuras noches,
se hastían de esperar la música
los peregrinos.
El pueblo ha tornado melancólico.
Ya no hay más que pena
en todo lirio.
La muchacha en la torre de la luna
se ha vuelto silencio
de infinito.
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