Lorenzo Salamanca Garcia
Poeta fiel al portal
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[FONT="]Vivía en una casa del Barrio Chino. En una visita reciente, el arquitecto municipal la dijo que su vivienda no cumplía condiciones de habitabilidad y por ello debía abandonarla en el plazo de un mes, antes de que el invierno se mostrara en toda su crudeza.
[FONT="]Sus ingresos eran su ridícula pensión de viuda con la que subsistía de milagro, sobre todo, los meses de invierno que los gastos eran mayores.
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[FONT="]Desde quedo viuda se dedicó a alimentar a dos gatos callejeros y a quedarse con bebes de mujeres que se ganaban la vida en algún Club de alterne de los rondaban en su zona y derrochaba con ellos ternura.
[FONT="]En el barrio era apreciada por toda la vecindad porque sabían de su incondicionalidad. Tenía en la despensa magdalenas, leche, algún pastel de manzana, -se las dejaban agradeciendo sus favores- que duraban el tiempo justo y nunca se estropeaban, pues ella lo compartía todo con la última visita, haciendo de la acogida todo un acontecimiento. Decía que lo que ella hacia por los demás era nada, frente a tantas necesidades como la tele comentaba cada día.
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[FONT="]Una mañana se dirigió al Banco para pedir un préstamo con que afrontar el alquiler y la compra de algunos muebles para otra casa. Mientras esperaba en la fila veía carteles llamando a colaborar con Paquistán y Haití .., y los rostros que plasmados en ellos parecían que la interpelaban directamente un buen marketing publicitario- y sentía que se le quebraban las fuerzas: Si pudiera les Daria la poca vida que le quedaba.
[FONT="]El señor del banco la escucho, pero le dijo que no era posible, pues no quedaba garantizado que fuera a poder devolver nada. La verdad es que después del tiempo que llevaba esperando y los pensamientos tan confusos que tenía, no dio mayor importancia a la respuesta.
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[FONT="]De vuelta ya en su domicilio no se le iban de la retina las imágenes de Haití y Pakistán y tanto dolor le oprimía en el corazón. Ella se consideraba demasiado afortunada.
[FONT="]Cuando al día siguiente alguien entró al ver abierta la puerta desde muy temprano, la encontró muerta en un banco de madera, de esos que ya no se llevan, y sobre la camilla algunas monedas depositadas: ¡Todo su capital!.
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[FONT="]La autopsia dijo que falleció de un paro cardiaco, que nadie supo explicar bien, pues nunca había tenido problemas parecidos. Su entierro fue masivo: Mientras duro se cerraron garitos del barrio y su testimonio callado fue muy comentado. El único representante del poder fue un cura que presidio la celebración; el resto de los asistentes podríamos decir que eren gente poco ejemplar, según los garantes de la moralidad y el orden.
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