Alexiz
Poeta adicto al portal
En esta fría botella, hay un cálido
elixir dentro:
El dulce y suave vino -¡ay, pálido
encuentro!
El embriagador austero
de soñadores solitarios,
el inspirador grosero
de autores y de sabios.
Embriagados cuerpo y mente,
nuestra letra y nuestra lengua ostentosa,
son llevadas presurosamente
por caminos angostos y lozanos
hacia poesías y obras melosas
que en voces de sopranos
resuenan golpeando y tintineando
cuales tambores y campanas
anunciando en las cumbres borrascosas
y montañas los albores de la guerra
para los honores de las letras.
O bien, con inspirados desatinos y sublevaciones
de palabras, escribimos inexorables mentiras
-¡y verdades, también, mis hermanos!-
que después lloramos, celebramos
o sufrimos juntos corazón, tinta, papel y manos.
Así, la puerta abierta por el vino,
conduce a lugares de la mente
-vírgenes- que se nos abren de repente
como revelación evanescente
y revolucionaria;
O, por otro lado, tétricos y repentinos,
se vuelven tormentosos remolinos
de ideas y de palabras ordinarias
que nada bello o nuevo instauran
en nuestras expresiones inspiradas,
portentosas... por ello, debemos inquirir
de ellas límpidas,
obteniendo así la primicia invaluable
de la idea pomposa.
De hecho, la puerta abierta por el vino
conduce al hambre del hombre
y le arroja siempre a dos lugares:
El primero constituye para este
reconocimientos, elogios
y coronas de laureles;
¡Mas el segundo!... solo a vulgares
experimentos vanos, que lamentan
tristemente con sollozos y reclamos
corazón, tinta, papel y manos.
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