Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La puñalada mortal
Padre, sé que me escuchas, que estás ahí; mi súplica quiere de ti una muestra que me diga por ciencia lo que nadie aún sabe ¿Qué quieres de mí? Si es la vida, ¿para qué me la diste? Si es la muerte, para el tiempo, tú puedes, que morir moriré. Si lo único que quieres es la fe absoluta, ten en cuenta el parcial, donde solo el abismo se teme en la cumbre ¿Llegaré algún día a la cima sin temer esa luz en el fondo, que me llame y me alumbre? Es por eso que te pido un reflejo de esa luz celestial, y caeré a los infiernos, donde el alma salvaje, dando saltos eternos se pasea mortal. No te inquietes por mi lucha en el vivir, ni te lleguen las escuchas llenas de odio de quien vi; semejante es como yo, nos distingue solo un acto y él espera mi racimo, y esa uva no la doy, porque cada cual es digno pero hay vinos con limón. Te llamo y me quiebro, traspaso el umbral; tinieblas y fuegos, y un frío cristal me muestra que unido va el bien con el mal. La suerte está echada. Mis dedos cuchillos y mi mano es el hacha. Mi mente contigo, y mi cuerpo descansa esperando mañana volver a pensar ¿Conoces el color de la sangre? Recibe mi puñalada mortal.
Padre, sé que me escuchas, que estás ahí; mi súplica quiere de ti una muestra que me diga por ciencia lo que nadie aún sabe ¿Qué quieres de mí? Si es la vida, ¿para qué me la diste? Si es la muerte, para el tiempo, tú puedes, que morir moriré. Si lo único que quieres es la fe absoluta, ten en cuenta el parcial, donde solo el abismo se teme en la cumbre ¿Llegaré algún día a la cima sin temer esa luz en el fondo, que me llame y me alumbre? Es por eso que te pido un reflejo de esa luz celestial, y caeré a los infiernos, donde el alma salvaje, dando saltos eternos se pasea mortal. No te inquietes por mi lucha en el vivir, ni te lleguen las escuchas llenas de odio de quien vi; semejante es como yo, nos distingue solo un acto y él espera mi racimo, y esa uva no la doy, porque cada cual es digno pero hay vinos con limón. Te llamo y me quiebro, traspaso el umbral; tinieblas y fuegos, y un frío cristal me muestra que unido va el bien con el mal. La suerte está echada. Mis dedos cuchillos y mi mano es el hacha. Mi mente contigo, y mi cuerpo descansa esperando mañana volver a pensar ¿Conoces el color de la sangre? Recibe mi puñalada mortal.