La puta que escribía poemas.
Si, era puta. Necesidad, desesperación, no sé, llámalo como quieras. No hay nada interesante en una puta donde se vende más sexo que esperanzas, pero ella, aquella puta, era poeta.
A diferencia del poeta convencional, no tenía un horario donde su musa inspiradora llegase y escribiera versos.
Escribía cuando podía hacerlo.
A diferencia de los poetas convencionales, ella no escribía al amor sabe que el amor tiene precio, y se derrocha entre sabanas viejas, a escondidas de quienes alguna vez, irónicamente le juraron amor eterno.
A diferencia de los poetas convencionales, la esencia de sus poemas se confundía con las del semen, sudor, lágrimas, alcohol, drogas, tabaco, mierda, mierda, y más mierda, que acompañaba a sus hojas escondidas bajo una cama, con ADN de mil hombres y una mujer.
A diferencia de los poetas convencionales, no obtenía sonrías, ni lágrimas, o aplausos de sus versos escritos. Ella arrancaba alaridos, gritos de placer, golpes, escupitajos, prejuicios prejuicios y más prejuicios.
A diferencia de los poetas convencionales, no reniega de la existencia de un Dios todo poderoso ella, después de cada orgasmo, fingido o recibido, voltea hacia el techo de aquel hotel viejo y ruega dejar de ser puta convencional y convertirse en un poeta más.
A diferencia del poeta convencional, no tenía un horario donde su musa inspiradora llegase y escribiera versos.
Escribía cuando podía hacerlo.
A diferencia de los poetas convencionales, ella no escribía al amor sabe que el amor tiene precio, y se derrocha entre sabanas viejas, a escondidas de quienes alguna vez, irónicamente le juraron amor eterno.
A diferencia de los poetas convencionales, la esencia de sus poemas se confundía con las del semen, sudor, lágrimas, alcohol, drogas, tabaco, mierda, mierda, y más mierda, que acompañaba a sus hojas escondidas bajo una cama, con ADN de mil hombres y una mujer.
A diferencia de los poetas convencionales, no obtenía sonrías, ni lágrimas, o aplausos de sus versos escritos. Ella arrancaba alaridos, gritos de placer, golpes, escupitajos, prejuicios prejuicios y más prejuicios.
A diferencia de los poetas convencionales, no reniega de la existencia de un Dios todo poderoso ella, después de cada orgasmo, fingido o recibido, voltea hacia el techo de aquel hotel viejo y ruega dejar de ser puta convencional y convertirse en un poeta más.