Hejaran
Poeta asiduo al portal
LA QUISE, CLARO QUE LA QUISE.
La quise,
claro que la quise
y que la quiero, el día
que la conocí me le acerque
y mirándola a los ojos le dije: Eres un
sueño de mujer, eres la flor que si la siembro
en mi jardín retoña; permíteme abonarte con besos,
como si fueras una rosa o un jazmín.
Su sonrisa
me permitió ver
una dentadura que
más parecía un collar de
perlas, y sonriendo argumentó:
No soy flor de jardín ajeno,
de día trabajo y de noche
me da sueño.
Muy buen
argumento, pero
en tus ojos veo una luz,
y en tu rostro noto que a esta luz
le falta la claridad que solo el amor nos da.
Eres adivino,
o cómo te atreves
a dar un concepto tan
a ligera, no sabes que la noche
a nadie espera.
No soy adivino,
pero me las doy de artista,
por eso me atrevo a galantearte
y las únicas armas que tengo, son un
ramillete de besos, una rosa encantada,
y el amor que te brindo, si aceptas
ser mi amada.
Le tengo admiración
a los escritores, artistas y poetas,
y tu pareces ser las tres cosas en una sola.
Soy más que eso,
soy un enamorado de la vida,
y cuando veo unos ojos que me
trasmiten ternura, mi mente me lo da todo,
y me ayuda a encontrar la figura,
el amor y la dulzura.
Entonces,
acepto conocerte,
pero ten paciencia, de a ahí a
quererte, hay una distancia que
puede ser de aquí a la luna, pero
según tu comportamiento, la distancia
también puede llegar a ser ninguna.
Tomándola
de la mano le dije: Ven, caminemos
para acortar la distancia y busquemos
unos lentes para acercar la luna.
Con una mirada
un tanto coqueta
me respondió: Mejor no
busquemos eso, porque quiero
darte un beso.
Ante un ofrecimiento
de esos, la abrace y la
colme de besos.
Los tiempos
pasan y los amores
perduran, la luna sigue
a la misma distancia y nosotros
vivimos y nos amamos, con la misma
intensidad y constancia.
La quise,
claro que la quise
y que la quiero, el día
que la conocí me le acerque
y mirándola a los ojos le dije: Eres un
sueño de mujer, eres la flor que si la siembro
en mi jardín retoña; permíteme abonarte con besos,
como si fueras una rosa o un jazmín.
Su sonrisa
me permitió ver
una dentadura que
más parecía un collar de
perlas, y sonriendo argumentó:
No soy flor de jardín ajeno,
de día trabajo y de noche
me da sueño.
Muy buen
argumento, pero
en tus ojos veo una luz,
y en tu rostro noto que a esta luz
le falta la claridad que solo el amor nos da.
Eres adivino,
o cómo te atreves
a dar un concepto tan
a ligera, no sabes que la noche
a nadie espera.
No soy adivino,
pero me las doy de artista,
por eso me atrevo a galantearte
y las únicas armas que tengo, son un
ramillete de besos, una rosa encantada,
y el amor que te brindo, si aceptas
ser mi amada.
Le tengo admiración
a los escritores, artistas y poetas,
y tu pareces ser las tres cosas en una sola.
Soy más que eso,
soy un enamorado de la vida,
y cuando veo unos ojos que me
trasmiten ternura, mi mente me lo da todo,
y me ayuda a encontrar la figura,
el amor y la dulzura.
Entonces,
acepto conocerte,
pero ten paciencia, de a ahí a
quererte, hay una distancia que
puede ser de aquí a la luna, pero
según tu comportamiento, la distancia
también puede llegar a ser ninguna.
Tomándola
de la mano le dije: Ven, caminemos
para acortar la distancia y busquemos
unos lentes para acercar la luna.
Con una mirada
un tanto coqueta
me respondió: Mejor no
busquemos eso, porque quiero
darte un beso.
Ante un ofrecimiento
de esos, la abrace y la
colme de besos.
Los tiempos
pasan y los amores
perduran, la luna sigue
a la misma distancia y nosotros
vivimos y nos amamos, con la misma
intensidad y constancia.
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