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La Ratita

pablo barattini

Poeta asiduo al portal
Cuatro patitas ligeras
y una cola muy larga,
vestía de terciopelo
y una inquieta mirada.
Salió de su madriguera
temprano por la mañana,
ladrona de profesión
rápida cruza la sala,
de un salto por el mantel
que de la mesa colgaba,
subióse con gran esfuerzo
y ante esa mesa que estaba
repleta de principio a fin
de tan deliciosos manjares,
pensó y dijo para sí,
nunca con estos ojos vi
más suculento festín..
Y entró a comer lo que había
sin medir las consecuencias,
aquella mesa con indulgencia
más manjares le ofrecía,
fue tanto lo que comió
que sin darse cuenta siquiera,
redonda quedó redonda
como una bola de cera.
No contenta con ello
a un queso grande que había
por sacarle un pedazo
se le prendió con porfía.
Fue tal la fuerza que hizo
al jalar con sus patas
que vino la pobre rata
a dar de bruces al piso.
Y...
quiso la mala suerte
que la pobre en su caída
arrastrase una botella
que al caer junto con ella
se hiciera pedazo en el piso.
Fue tal la algarabía
y el boche que se sintió,
que molesto despertó
el gato que en la casa
junto a la estufa dormía.
Y comenzó el zafarrancho
en loca persecución,
diez vueltas por la mesa dieron
cinco más por un sillón.
El gato que le alcanzaba
y a cada zarpazo suyo
a la pobre rata dejaba
casi sin respiración
ni aliento ya le quedaba
cuando vino a parapetarse
bajo un pequeño mueble,
que en su estructura endeble
en que éste se encontraba,
a ella la dejaba
en incómoda posición.
Y aquí comienza el relato
de la terrible odisea,
ella no logra entender
cuál puede ser la razón,
que la persiga furioso
como una fiera aquel gato.
¿Por qué ese coloso de carne
treinta veces mayor que ella
quiere arrebatarle la vida
en tan injusta querella?
Y así vi a la desdichada
compungida y afligida
implorante la mirada.
Veía su parapeto
que cedía ante el gato
que insistía de hace rato
por sacarla de allí,
cuando ya inminente vi
que sería su caída
y en juego está la vida
aunque sea de una rata,
muy en serio me pregunto,
con mano en el corazón,
si ha llegado la ocasíon
de tomar carta en este asunto.
Y como soy dueño del cuento
y yo hago este relato,
pretendo ser justo juez
en esta causa presente.
Declaro a la rata inocente
y culpable al malvado gato.
 
jajaja... como lectora... ambos inocentes... que cada uno responda por su frente... Muchas gracias por tan agradable lectura Pablo Barattini. Precioso...

Un abrazo
 

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