LA RENUNCIA
Renuncio a la soberbia y a la envidia,
que tantos sinsabores me provocan.
Renuncio a los amores que convocan
el odio, las torturas y la insidia.
Renuncio a la maldad y la perfidia
de aquellos que corrompen lo que tocan.
Renuncio a los placeres que sofocan
las almas con la plácida desidia.
Soy hombre partidario del esfuerzo,
soy hombre dedicado, soy leal.
No busco en las renuncias el refuerzo
del acto de por sí subliminal
que sopla de Poniente como Cierzo,
violento con violencia de Mistral.
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