Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
LA REYERTA
En la noche clara
de la luna llena,
brillan las navajas
en fiera reyerta.
De acero, las hojas
chocan entre ellas.
Una mano diestra,
que empuña la faca,
con certera saña
la hunde en las entrañas
de un hombre sin fama,
puede ser que fuera
de raza gitana.
La sangre encarnada
incesante mana.
Entre cuatro mozos
en alzas lo llevan,
por ambos costados
los brazos le cuelgan,
exangües e inermes,
vacíos de fuerzas.
Aunque pronto llegan
a la barbería
que también funciona
como enfermería,
no lo hacen a tiempo
de salvar su vida.
Doblan las campanas,
sonoras y fuertes,
con la parsimonia
que anuncia la muerte.
En la noche clara
de la luna llena,
brillan las navajas
en fiera reyerta.
De acero, las hojas
chocan entre ellas.
Una mano diestra,
que empuña la faca,
con certera saña
la hunde en las entrañas
de un hombre sin fama,
puede ser que fuera
de raza gitana.
La sangre encarnada
incesante mana.
Entre cuatro mozos
en alzas lo llevan,
por ambos costados
los brazos le cuelgan,
exangües e inermes,
vacíos de fuerzas.
Aunque pronto llegan
a la barbería
que también funciona
como enfermería,
no lo hacen a tiempo
de salvar su vida.
Doblan las campanas,
sonoras y fuertes,
con la parsimonia
que anuncia la muerte.