Jose Manuel Guerrero
Poeta recién llegado
El bordón esclavo sonaba al ritmo
que lleva el corazón que lo escuchaba
con el sortilegio de un clavo
con atino en el desvelo.
Los arpegios disfrutaban
transmitiendo en el servicio
amordazo por la pobreza,
en los dedos con contacto en el diapasón.
La gitana bailaba alegre
por la cuenta que le traía
y los señores invitados en la fiesta de ese caserío
no se daban cuenta
de lo equivocados que estaban
por sentirse selectos.
Todos como clonados, con semblantes rectos.
Los sonrientes criados
ofrecían bocados y bebida al señorío.
El único agradecimiento que recibían los callados,
eran miradas de superioridad y necedad.
Todos los invitados estaban a gusto,
todos menos uno.
Se llamaba Lorca.
La única riqueza que le engalanaba
era su poesía.
que lleva el corazón que lo escuchaba
con el sortilegio de un clavo
con atino en el desvelo.
Los arpegios disfrutaban
transmitiendo en el servicio
amordazo por la pobreza,
en los dedos con contacto en el diapasón.
La gitana bailaba alegre
por la cuenta que le traía
y los señores invitados en la fiesta de ese caserío
no se daban cuenta
de lo equivocados que estaban
por sentirse selectos.
Todos como clonados, con semblantes rectos.
Los sonrientes criados
ofrecían bocados y bebida al señorío.
El único agradecimiento que recibían los callados,
eran miradas de superioridad y necedad.
Todos los invitados estaban a gusto,
todos menos uno.
Se llamaba Lorca.
La única riqueza que le engalanaba
era su poesía.