Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquél bosque siempre fue perfecto, sin dolor,
Pero aquél día lo era más,
Quizás era el amor,
El aire limpio que allí se respiraba
Era razón para estar bien
Nunca fue tan limpio
Nunca lo será otra vez
La naturaleza no podía ser tan agradable
Los duendes jugaban y danzaban con las hadas
Que vestidas de amanecer
Invitaban a amar,
Que vestidas de mujer
Te invitaban a dormir en sus caderas,
Su cuerpo te hacía dar gracias a Dios
Y una sola caricia de sus dedos
Era toda una tentación
Un buen motivo para no partir a otro lugar
Pero
¡Has visto tal belleza!, tal vez en sueños,
Y sin embargo ninguna de esas musas
Era la que yo soñaba
La que miraba en mis sueños
Por la que suspiraba dormido
A pesar de su belleza ninguna me interesaba
No por falta de belleza
Si no porque así lo dictaba mi corazón.
Y sin embargo ella estaba allí
Con sus trenzas castañas
Y sus ojos verde rubí,
A la orilla de las nubes, al otro lado del mar
Perdida en el misterio que da la soledad,
Estaba allí, siempre estuvo allí
En ese mismo lugar
En la rivera del amor
Donde se oculta el sol
Donde ya no hay más allá.
Yo fingí no haberla visto
¡Nunca me llegaría a amar!...
Yo no era un duende
Y ella era el sol
Yo era pecado y ella era redención.
Pero aquella noche las nubes se alinearon en el cielo
Y su vestido de rocío cual si fuera un cuento
Se enredó con los míos,
Y al mirar aquella expresión en su rostro
Sus ojos se perdieron en mis ojos
Y mis labios se enredaron en sus labios,
Y ninguno hizo intento a separarlos.
Y su beso me convirtió en duende
Pero mi beso la convirtió en humano,
Y fue tanto el amor presente
Que todas las noches vuelo a su ventana.
Ella disimula que no me ve
Pero cuando cruzo volando su ventana
Me enreda con sus labios
Y me invita a regresar
Y yo vuelvo en la mañana.
Pero aquél día lo era más,
Quizás era el amor,
El aire limpio que allí se respiraba
Era razón para estar bien
Nunca fue tan limpio
Nunca lo será otra vez
La naturaleza no podía ser tan agradable
Los duendes jugaban y danzaban con las hadas
Que vestidas de amanecer
Invitaban a amar,
Que vestidas de mujer
Te invitaban a dormir en sus caderas,
Su cuerpo te hacía dar gracias a Dios
Y una sola caricia de sus dedos
Era toda una tentación
Un buen motivo para no partir a otro lugar
Pero
¡Has visto tal belleza!, tal vez en sueños,
Y sin embargo ninguna de esas musas
Era la que yo soñaba
La que miraba en mis sueños
Por la que suspiraba dormido
A pesar de su belleza ninguna me interesaba
No por falta de belleza
Si no porque así lo dictaba mi corazón.
Y sin embargo ella estaba allí
Con sus trenzas castañas
Y sus ojos verde rubí,
A la orilla de las nubes, al otro lado del mar
Perdida en el misterio que da la soledad,
Estaba allí, siempre estuvo allí
En ese mismo lugar
En la rivera del amor
Donde se oculta el sol
Donde ya no hay más allá.
Yo fingí no haberla visto
¡Nunca me llegaría a amar!...
Yo no era un duende
Y ella era el sol
Yo era pecado y ella era redención.
Pero aquella noche las nubes se alinearon en el cielo
Y su vestido de rocío cual si fuera un cuento
Se enredó con los míos,
Y al mirar aquella expresión en su rostro
Sus ojos se perdieron en mis ojos
Y mis labios se enredaron en sus labios,
Y ninguno hizo intento a separarlos.
Y su beso me convirtió en duende
Pero mi beso la convirtió en humano,
Y fue tanto el amor presente
Que todas las noches vuelo a su ventana.
Ella disimula que no me ve
Pero cuando cruzo volando su ventana
Me enreda con sus labios
Y me invita a regresar
Y yo vuelvo en la mañana.
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