Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La roca maligna
Vamos caminando
con los pasos desiguales;
tú entre las calles,
yo con las disculpas.
Tienes en tu talle
cinco dedos de mi espuma;
lenguas son mis bailes
y miedo tu soltura.
Nada se hace en balde,
y todo desde alturas,
se consigue siendo afable
aunque sean miniaturas.
Y me diste aquel fetiche
que aún lo guardo en la ternura,
y te fuiste de este a oeste,
y te tuve nuevamente,
y rodaste en mi cintura
como buena coquetona,
y después tan sólo huiste
y te quise por Madonna.
Los reflejos se repiten dos a dos,
sin embargo eran ventanas
y yo era el pasador.
Para ti yo sólo fui un capricho.
Te he querido, te he querido,
te he querido sin amor.
Sin amor, sin amor,
sin amor los dos unidos;
sin ti, sin tu calor
que es mi abrigo,
me queda un viento frío
Y te vi volar tras el cristal
en un invierno,
pero yo estaba en la distancia
aún creyendo en tu perdón.
Hoy Júpiter se encuentra
a dos palmos de Saturno,
y éste a seis dedos de la Luna;
los palmos son mis manos,
los dedos de la hambruna.
Soñé que llegaba una sombra,
una sombra que todo aplastaba,
una sombra que no tiene nombre,
una sombra que nunca llegaba.
Y soñé que los seres corrían
escondiéndose toda la cara,
con el miedo puesto en la frente,
intentando esquivar el sentido
que dibuja la mueca quijada.
Eras tú, eras tú,
y era yo que te mostraba
las señales que te idolatraban.
Y por fin vino un negro ceniza
como polen de atómico halo;
y hubo quien salvó la ojeriza
y creyó en el mundo acabado.
Fue la era del Sol invisible
por la atmósfera cruel y salina,
donde el hombre fuera temible
y ahora teme a la roca maligna.
Vamos caminando
con los pasos desiguales;
tú entre las calles,
yo con las disculpas.
Tienes en tu talle
cinco dedos de mi espuma;
lenguas son mis bailes
y miedo tu soltura.
Nada se hace en balde,
y todo desde alturas,
se consigue siendo afable
aunque sean miniaturas.
Y me diste aquel fetiche
que aún lo guardo en la ternura,
y te fuiste de este a oeste,
y te tuve nuevamente,
y rodaste en mi cintura
como buena coquetona,
y después tan sólo huiste
y te quise por Madonna.
Los reflejos se repiten dos a dos,
sin embargo eran ventanas
y yo era el pasador.
Para ti yo sólo fui un capricho.
Te he querido, te he querido,
te he querido sin amor.
Sin amor, sin amor,
sin amor los dos unidos;
sin ti, sin tu calor
que es mi abrigo,
me queda un viento frío
Y te vi volar tras el cristal
en un invierno,
pero yo estaba en la distancia
aún creyendo en tu perdón.
Hoy Júpiter se encuentra
a dos palmos de Saturno,
y éste a seis dedos de la Luna;
los palmos son mis manos,
los dedos de la hambruna.
Soñé que llegaba una sombra,
una sombra que todo aplastaba,
una sombra que no tiene nombre,
una sombra que nunca llegaba.
Y soñé que los seres corrían
escondiéndose toda la cara,
con el miedo puesto en la frente,
intentando esquivar el sentido
que dibuja la mueca quijada.
Eras tú, eras tú,
y era yo que te mostraba
las señales que te idolatraban.
Y por fin vino un negro ceniza
como polen de atómico halo;
y hubo quien salvó la ojeriza
y creyó en el mundo acabado.
Fue la era del Sol invisible
por la atmósfera cruel y salina,
donde el hombre fuera temible
y ahora teme a la roca maligna.