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La roca, Pigmalión y yo

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa


Evité, cuando la salud anduvo conmigo,
sacar voces de una roca quebradiza,
traicionera, porque son las voces del polvo
y voces que llevan al polvo
y no conducen a ninguna parte.
Quise ser duro y duras son
las voces de muerte. Voces en alforja
de la muerte. En costal de la muerte.
Voces en el sobrante del solo Pigmalión
que cincela en mármol la estatua fría
de un cadáver femenino,
el hermoso sueño si la pieza viviera,
su esposa. Su razón de vida.
Su dicha. Su Reposo.

Yo no dí esas voces. No suplico.
Muero, aunque estorbo y no quiero.
Me quité del medio cuanto pude. Evíté malas voces.
No las dije. No las repetí, se los juro. Las recogí
de caminos y las apresé [para que no escaparan]
porque son voces cancerígenas,
esencias que duelen y hay que disolverlas
con fuego, o con dolor del cuerpo.
Llevarlas al Averno, pero no darlas a nadie.

No me pregunten sobre esas voces
ni los textos que eché en el morral
del polvo y la hojarasca seca
que crece sobre las tumbas vacías.

No me pregunten sobre lamentos pigmaliónicos
ante la escultura hermosa y visualmente sin tacha;
pero sin vida. Ni de sus memorias, polvo de mármol,
esquirlas de marfil, voces de cincel, oh muerte,
tampoco me expliques. Ni me pidas que diga.
El cuerpo es lo más vulnerable
que tenemos y pocos saben que el cuerpo
es polvo. El canto verdadero, lo que merece
que se cante es la vida. Los avatares
del cuerpo no lo son y mi mérito:
miseria es que callo y no distribuyo.

Para que no existan más, los puse
en un gaznate de fuego y gritaron al deshacerse,
callándose, como esencias de Karma
y gigantes saturninos submersos o tragados
con el vapor de la aridez y quemaduras.

Las voces mías en su momento oportuno
no tendrán siquiera el cuerpo como tumba;
yo soy, con mis voces lastimadas,
parte del fuego purificador.
Yo, en el estómago del Tiempo.
quise este oficio y es mi mejor amor.

Pigmalión, ¿crees que tú y yo,
incubamos algo? ¿O somos distintos?
¿Podría invocar Vida? ... porque tengo
una estatua muerta que me mira
y no soy feliz con ella.

2. El poeta como Pigmalión

Escribí para los días cuando el dolor
es grande y el vivir cuesta y estoy solo.
Asqueado estuve ante el mundo de fieras,
con sus guerras sociales y su vecina temeridad.

Por eso quise ser parte del fuego.
Es más fácil querer a la muerte que deslinda
que querer este mundo que humilla
y te quita el sustento, máxime cuando estás
triste, enfermo, hecho voz de hoja seca.

Ahora que ninguno tuvo tiempo que dar
a la tarea de saber si soy el autor
de algún próvido utensilio, o de una canción,
sin Momemtum, sin gloria, escribo
que lo mejor de mí será parte del fuego.

Hoja quemada lo mejor de mí.
hoja recogida y sepulta en el morral
de fuego, lo mejor de mí.

Yo me ví como cuerpo de fuego
cuando cantaba, vibrando de amor,
el poema de mi oficio y mi fe.

Entonces sí... dije mis perdones, salvo
alguna que otra cosilla y evité ser duro.
Todavía tengo el tiempo de quemar
las palabras de polvo. Residuos.
Sobre un cadáver de emociones y su imagen
decadente de mundo, echo la cal que puedo
y evito los recuerdos saprógenos.

3. El día que cambia todo

¡Qué bueno que haya dicho tan poco!
mi tiempo de vida en dolor,
apenas esbozada,
mi tiempo en la miseria del mundo,
tan diverso. Es mejor ser fuego que ser polvo.

Digo que no tuve privilegios, que no dejé
un patrimonio ni conocí la felicidad
ni su abundancia, sólo probaditas miserables.
Mi cuerpo no fue el mejor de los cuerpos.
Lo consolé lo que pude, así consuelo.
Lo que se puede, sin ser él.
Llevarlo en un morral al fuego
es lo mejor de mí.

En los textos sobrevivientes dejo la confesión:
Soy el consolador no consolado,
el guerrero en las sombras.
Esto es más que suficiente para quienes
no han querido sufrir ni conmigo ni con nadie.

Este día lo cambia todo.
Puede que sea una señal de todo el amor entregado
o todo el sufrimiento que acumulé de una vez.
Este día no tiene sistema ni predicción.

Puede que sea el último día y que mi hablante
sea el duro, sin perdones, porque la ternura
se acaba cuando un cáncer sus agujas
clava en las collejas, busca el nervio
donde exista el odio más extenso
y abre la boca para que grites mucho menos
de tu amor que de la meralgia viva...

4.

... pero les recuerdo, casi nunca fui así;
yo escribí con pasión, con fuego vivo,
sublimes cosas; no te olvidé, Amor,
tu belleza estuvo conmigo.
No te olvidé, cuerpo mío,
te dije Amigo y te dí algo de espacio
y de mi poco tiempo.

Aunque la justicia faltara en un mundo de guerra,
hambre, opresión, genocidio; yo me dolía
por conocer la esperanza y la solidaridad
y esa canción fue dulce, persuasiva,
con dialéctica de optimidad posible
y redes de tantra y Teth, pero...
en vida soy mundano, soy un listillo presuntuoso
y sólo la muerte deslinda y limpia de veras
el grano de la paja. Tengo que decirte
que no eras la vida, cuerpo. Mi vida fue otra
y lo supe, tú eras sólo un amigo,
un amigo de paso, que un día recogería
para el fuego y la disolución y el polvo.

Desde donde mi serpiente ígnea y el Anciano
de los días se incidiera, escribí y canté al útero oculto
que dará buena semilla... No lo dudo.
Pero este día, este día de hoy,
lo cambia todo.
La voz se ausentará,
la voz se cansa externamente
y ha de querer estar sola
para que nadie pregunte ni diga nada.
Hay días de escisión que vienen
a su tiempo. Este es el día
que el fuego aparece apagado
y la angustia misma es mi dios.

Ya es tarde para quien escribe y va derecho
a morir, porque el dolor le dijo que ¡Basta!
Escribí como el valiente en el mundo de fieras
pero puede que éste sea el último poema.
Mucho tengo que echar al fuego
pero no lo puedo encender.
Mis dedos están crujiendo
y es mi propio espíritu el que quema.

5.

¡Qué importa que algo quedara sin decir!
Dígaseme adiós ante una vela encendida.
Eso basta. Digan que yo odiaba el polvo.
Encendía mis propios fuegos
hasta que el cáncer puso la muerte
en mis dedos y me apagó la vida.

Uno muere cuando ya no quiere vivir
o ser tu amigo, cuerpo, y darte falsas ilusiones
para que te creas la Vida. No lo eres.
Y ya dí mi canción dulce, por años y años,
acuné tu imagen y, si no quise vivir,
alguna vez lo dije: «Ya no puedo ser útil»,
agoté mis mejores recursos, dí el servicio
(lo mucho o poco que pude, cuerpo Amigo)
y ya no queda nada, sino ascos de existencia
sin calidad, sin sueño, sin futuro
y a mi alrededor se colocan en necesidad
quienes amo. No es justo. No es la justicia
en que creo mi existencia en quebranto
sumando más miseria para todos,
para ellos, mi familia y, al fondo,
el mundo indiferente que posa
su mentiroso luto.

Y creen que me nombran
y no nombran al que soy; yo fui el que te dio
poesía, uno que otro servicio,
porque yo era tu amigo y los amigos
dicen adiós que esquirlan.

Entonces, enciendan ya la vela
y dígaseme: Carlos, véte. Te olvido.
Llévate la diabetes al carajo.
Llévate el cáncer lejos de nuestra vista.
Llévate la muerte donde a nadie moleste.
No nos traigas los tristes adeudos.
Tu muerte es costosa y fea.
Díle al Amigo y que los amigos
se despidan entre amigos.


De EL LIBRO DE LA AMISTAD

http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/2009/02/1.html



 

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