La rutina

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Uno a uno

los días se me amontonan

serenos, casi iguales, con suavidad aparente

y cargados de un bienestar que me recuerdan

a la caída, no muy pendiente,

de un tobogán

en una tarde de verano cuando el sol ya se esconde

y la brisa llega nueva, alegre.

En este tiempo

la serenidad está en mi alma,

se acostumbró a levantarse

con el cuerpo cansado ya,

jadeante, pero con el pensamiento en la ilusión

de un día nuevo

y de un canto a la rutina

que es caliente, sencilla y tierna,

queriendo que siempre sea así

aunque la matice de distintos colores,

pero siempre monótona en lo bueno.

Que las mañanas sean de trabajo

de saludos a las macetas,

de podas o de riegos,

las comidas en la mesa

llenas de bromas, discusiones o silencio,

las siestas de lectura,

y las tardes, calientes y lentas,

con los libros sobre la mesa,

la gata en el regazo,

estudiando largos temas,

se me adosen a la noche

donde me llama la cena

para reír otra vez

o cubierta de silencio.

Ver llegar a unos

e irse a otros

y yo seguir en mi rutina

que tan variada es

y tan agradable la siento.
 
También soy viejo testigo de los que llegan y se van, en este puerto intangible que es el mundo.
Lindo poema, felicitaciones María.

Uno a uno

los días se me amontonan

serenos, casi iguales, con suavidad aparente

y cargados de un bienestar que me recuerdan

a la caída, no muy pendiente,

de un tobogán

en una tarde de verano cuando el sol ya se esconde

y la brisa llega nueva, alegre.

En este tiempo

la serenidad está en mi alma,

se acostumbró a levantarse

con el cuerpo cansado ya,

jadeante, pero con el pensamiento en la ilusión

de un día nuevo

y de un canto a la rutina

que es caliente, sencilla y tierna,

queriendo que siempre sea así

aunque la matice de distintos colores,

pero siempre monótona en lo bueno.

Que las mañanas sean de trabajo

de saludos a las macetas,

de podas o de riegos,

las comidas en la mesa

llenas de bromas, discusiones o silencio,

las siestas de lectura,

y las tardes, calientes y lentas,

con los libros sobre la mesa,

la gata en el regazo,

estudiando largos temas,

se me adosen a la noche

donde me llama la cena

para reír otra vez

o cubierta de silencio.

Ver llegar a unos

e irse a otros

y yo seguir en mi rutina

que tan variada es

y tan agradable la siento.
 
Uno a uno

los días se me amontonan

serenos, casi iguales, con suavidad aparente

y cargados de un bienestar que me recuerdan

a la caída, no muy pendiente,

de un tobogán

en una tarde de verano cuando el sol ya se esconde

y la brisa llega nueva, alegre.

En este tiempo

la serenidad está en mi alma,

se acostumbró a levantarse

con el cuerpo cansado ya,

jadeante, pero con el pensamiento en la ilusión

de un día nuevo

y de un canto a la rutina

que es caliente, sencilla y tierna,

queriendo que siempre sea así

aunque la matice de distintos colores,

pero siempre monótona en lo bueno.

Que las mañanas sean de trabajo

de saludos a las macetas,

de podas o de riegos,

las comidas en la mesa

llenas de bromas, discusiones o silencio,

las siestas de lectura,

y las tardes, calientes y lentas,

con los libros sobre la mesa,

la gata en el regazo,

estudiando largos temas,

se me adosen a la noche

donde me llama la cena

para reír otra vez

o cubierta de silencio.

Ver llegar a unos

e irse a otros

y yo seguir en mi rutina

que tan variada es

y tan agradable la siento.
Rutina apreciada, hacer arte de esos instantes que
consideramos nimios y desde ahi plantear que
se queda una desazon de incompleta vida. lo mejor
verter espacios para que esa rutina tenga mas vida.
dulce tristeza en unos versos sinceros. felicidades.
un saludo intenso de luzyabsenta
 
Uno a uno

los días se me amontonan

serenos, casi iguales, con suavidad aparente

y cargados de un bienestar que me recuerdan

a la caída, no muy pendiente,

de un tobogán

en una tarde de verano cuando el sol ya se esconde

y la brisa llega nueva, alegre.

En este tiempo

la serenidad está en mi alma,

se acostumbró a levantarse

con el cuerpo cansado ya,

jadeante, pero con el pensamiento en la ilusión

de un día nuevo

y de un canto a la rutina

que es caliente, sencilla y tierna,

queriendo que siempre sea así

aunque la matice de distintos colores,

pero siempre monótona en lo bueno.

Que las mañanas sean de trabajo

de saludos a las macetas,

de podas o de riegos,

las comidas en la mesa

llenas de bromas, discusiones o silencio,

las siestas de lectura,

y las tardes, calientes y lentas,

con los libros sobre la mesa,

la gata en el regazo,

estudiando largos temas,

se me adosen a la noche

donde me llama la cena

para reír otra vez

o cubierta de silencio.

Ver llegar a unos

e irse a otros

y yo seguir en mi rutina

que tan variada es

y tan agradable la siento.
Muy bello poema amiga María, en la rutinaria vida diaria a veces encontramos la paz y la calma, la felicidad es ella la que nos encuentra a nosotros. Un abrazo. Paco.
 

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