Halloran
Poeta asiduo al portal
LA SABIDURÍA
La sabiduría está codificada
en sesudos tomos de lomos ajados y páginas polvorientas.
Al abrirlos, los sabios de los siglos pasados
se elevan como las cenizas que son.
Sopla sobre ellos: escaparán sus almas.
Sin su peso, la sabiduría son palabras
que hablan de cuerpos y almas,
de mentes y cerebros,
de lo contingente y lo necesario
y lo trascendental.
La sabiduría son las ideas
pensadas en más de dos mil años.
No entiende de empirismos,
racionalismos,
nihilismos,
idealismos
ni estructuralismos:
son todos ellos y no es ninguno
en el proceso acumulativo del conocimiento.
La sabiduría se construyó
con pestañas quemadas por llamas de velas de cera,
por noches en vela,
por días perdidos entre libros y papeles.
La sabiduría son los hijos de los tiempos muertos
porque ya nacieron mortecinos.
No tienen ni idea:
la sabiduría es el cuerpo de quien amas,
desnudo,
a tu lado,
y una copa llorada por cualquier racimo
para ser compartida.
La sabiduría está codificada
en sesudos tomos de lomos ajados y páginas polvorientas.
Al abrirlos, los sabios de los siglos pasados
se elevan como las cenizas que son.
Sopla sobre ellos: escaparán sus almas.
Sin su peso, la sabiduría son palabras
que hablan de cuerpos y almas,
de mentes y cerebros,
de lo contingente y lo necesario
y lo trascendental.
La sabiduría son las ideas
pensadas en más de dos mil años.
No entiende de empirismos,
racionalismos,
nihilismos,
idealismos
ni estructuralismos:
son todos ellos y no es ninguno
en el proceso acumulativo del conocimiento.
La sabiduría se construyó
con pestañas quemadas por llamas de velas de cera,
por noches en vela,
por días perdidos entre libros y papeles.
La sabiduría son los hijos de los tiempos muertos
porque ya nacieron mortecinos.
No tienen ni idea:
la sabiduría es el cuerpo de quien amas,
desnudo,
a tu lado,
y una copa llorada por cualquier racimo
para ser compartida.