El cielo en llamas muestra a la mirada fija de los Eternales una aurora desplegada en su blancor inmaculado de rosa abierta frente a los surtidores dulces de leche y miel donde se alimentan sagrados los Inmortales.Allí se cuece una fría pero calma serenidad de silencio frente al cual se abaten los sauces:deseosos de proyectar sus vegetativos espíritus en el remanso de paz que bordea al plateado lago de la fortuna y el triunfo.Todo es silencio y serenidad,y de ello se cerciora el Alma de la Naturaleza penetrando cual un cauce lustral entre las beatíficas grietas que la tierra ostenta para que la brisa del norte suelte con sumisión y gentileza las doradas semillas que en una futura noche de estío fermentarán y arraigarán para nacer en santas espigas tostadas.
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